Ay, chicas, no sabéis lo que fue esa noche. Tenía 56 años, viuda desde hace cinco, juré abstinencia a mi marido moribundo. Pero mi yerno Pablo, 35 años, musculoso y con esa mirada que me ponía la piel de gallina, me había iniciado en masajes eróticos. ‘Es solo un masaje’, me decía yo para no romper la promesa. Esa noche era mi cumpleaños y el fin de mi castigo moral. Al desayuno, me besa y me ofrece un puesto en su empresa. ‘Necesito que vengas a París unos días al mes’, dice. Acepto, excitada. ‘Esta noche te espero a las 19’, susurra.
Llego y me presenta a Ana, mi amiga del gym, 70 años pero con cuerpo de diosa, y su amante Alejandro, 55, guapo y abierto. Vamos a un restaurante privado. Ellas van sexys: yo con vestido negro desabotonado mostrando escote y tanga, Ana con falda mini sin bragas, pezones duros. Cenamos con una asociación, champán fluye. Voy al baño y veo condones, lubricante, albornoces. ‘Es una fiesta swinger’, le digo a Pablo. Todos han probado menos yo. ‘Decide tú’, me dice él, apretándome la mano. Mi coño palpita, la tensión es insoportable. La razón se va con el postre. ‘Nos quedamos’, digo, desabotonando más.
La chispa en la fiesta libertina
En la sala de baile, cuerpos pegados. Slows sensuales en penumbra. Pablo me abraza, su polla dura contra mí. Lenguas enredadas, su aliento caliente. Manos ajenas tocan mis tetas, suben mi falda, dedos en mi coño empapado. ‘Gracias, amor, esto es increíble’, gimo. Cambian parejas. Chupo la polla de Pablo mientras otros me manosean. Ana le mama a él antes. Ève, la animadora, vierte champán en mi piel. ‘¡Feliz cumpleaños!’, grita. Lamo la polla de Pablo con champán burbujeante, salado y dulce. Dos tíos me chupan las tetas, mordiendo pezones. Otro lame mi culo, dedo en clítoris. Me corro gritando, cuerpo temblando, olor a sexo y champán everywhere.
El clímax salvaje y el anal final
Pablo me tumba en el colchón central. Todos miran. ‘Fóllame, amor’, suplico. Su polla entra en mi coño virgen de años, caliente, resbaladizo. Va lento, luego brutal, embistiéndome. ‘¡Soy tu puta, tu chienne!’, grito. Me monto encima, cabalgo salvaje, tetas rebotando. El joven camarero pide: ‘¿Puedo un dedo en tu culo?’. Lubrica, entra lento. Doble penetración: polla en coño, dedo en culo. ‘¡Me enculas perfecto, cabrón!’, aullo. Me corro otra vez, él eyacula dentro, chorros calientes llenándome. Sudor, gemidos, piel pegajosa.
Volvemos a casa. ‘Mi primera noche libre, te quiero dentro’, digo. Me unto lubricante. ‘Encúlame, Pablo’. Lame mi ano, lengua caliente girando. Dedos primero, abriéndome. Duele un poco, ehhh… pero placer crece. Su polla empuja, gland engulle mi esfínter. ‘Despacio…’, pido. Entra todo, me llena el culo virgen. ‘¡Qué rico, fóllame el culo!’. Embiste, cachetazos en nalgas rojas. Me masturbo el coño, orgasmo triple: él eyacula profundo, semen caliente inundando mis entrañas. Nos quedamos unidos, exhaustos, felices. ‘Te amo’, susurro. Recuerdo su polla palpitando en mí, olor a sexo puro. Fatiga dulce, deseo satisfecho. Mañana, más París… y más él.