Esto me pasó la primavera pasada, mi primera infidelidad. Tengo 28 años, morena de piel canela, talla media, con tetas y culo pequeños, como dice mi marido José: “pequeñitas pero monísimas”. Trabajo en una perfumería en Madrid y nos mandan a formaciones pagadas por las marcas top, siempre en un hotelazo del centro. Lo mejor: las cenas ligeras pero exquisitas y el champán, que me vuelve loca.
Esa noche, después de la cena regada con burbujas, me sentía sexy, caliente, con la cabeza nublada. Quería a José, que estaba de viaje en Barcelona. Pensaba llamarle y masturbarme por teléfono. Pero… eh, ¡Nadia! ¿Vienes con nosotras al bar de al lado? Me sacó de mis sueños Emilia, mi compi rubia tetona –siempre la pico con eso–, la reina de las noches madrileñas.
La chispa en el bar y la tensión que explotó
“Vale, estoy sola, José no vuelve hasta el finde”. Ella me lleva a casa siempre, que con 50 horas de clases no tengo carnet. Llegamos al bar: música guapa, pista pequeña. Copas va, copas viene, y ¡zas! Veo a Fred, amigo de José. Un armario de 1,95, más de cien kilos, cuadrado, un poco panzón, con cara de Lennon. No es un pibón, pero mola. Le hago señas, me cae bien.
“¿Qué haces aquí, preciosa?”, dice con una copa en la mano. “Formación con las chicas. ¿Y tú?”. “Celebrando ventas con mis colegas”. Le cojo por la cintura: “Chicas, este es Fred, soltero y guapo”. No sé qué me pasó, el alcohol… Me sonrojo, él también. Pedimos fuertes: ron-piña para mí, vodka-manzana para él.
Bailamos un zouk africano. No lo domino, pero él me guía. Me pega a su cuerpo enorme, me siento chiquitita, protegida. Su olor, su fuerza… gira y gira, la cabeza me da vueltas. Cambia a R&B lento, langüinoso. No quiero soltarme. Frío en la piel, calor abajo. Me aprieto más.
“No estoy libre como dijiste”, susurra en mi oreja, aliento caliente. “¿Ah? ¿Y ella?”. “Eres tú, Nadia. Te quiero desde que te conocí”. ¡Joder! Casada con José, su amigo. Pido un doble ron, lo engullo. Cabeza revuelta. Me escapo al baño, agua en la cara. Siento su presencia… Me giro: “¿Qué haces en el baño de tías?”. Me abraza fuerte. Besos en el pelo. Me dejo. Su confesión me calienta el coño.
Emilia borracha, Fred ofrece llevarme. Sé que caeré. Silencio en el coche, tensión eléctrica. Mi cuerpo grita por esa polla que intuyo. Frente a casa: “Pasa, hablemos”. En el salón, le beso salvaje. Lenguas enredadas, piel ardiendo.
El sexo crudo, el culo entregado y el después ardiente
“Te deseo, pero José no debe saber. Y no viviré contigo”. “Una noche me basta”, dice. Me lanzo. Le empujo al sofá, french kiss brutal. Sus manos en mi culo por la falda negra, la sube, dedos en piel… Tiemblo. Froto mi chochito contra su paquete duro. Tira mi tanga, roza mi culito. Me quita falda, sujetador. Solo tanga puesta, él vestido.
Le arranco camisa: torso liso, poco pelo. Mi coño chorreando, tanga empapada. Abro pantalón, boxer negro, ¡su polla! Gorda, venosa, perfecta. La acaricio, pajeta suave. No quito ojo, hipnotizada. Mano en mi nuca, me guía: abre boca, chupa esa verga.
Va-et-vient torpe –nunca me moló–, pero ahora… excitadísima. Quiero su leche en la garganta. Me guía: “Así, guapa, lengua…”. Gime, polla hincha, ¡chorro caliente! Sabor amargo, casi me atraganto, pero trago todo mirándole. Orgullosa, puta total.
No se ablanda. Lo meneo suave. “Ahora tú”. “No me folles el coño, solo mamadas”. “Confía”. Me tumba, besa oreja, cuello, tetas. Las lame, muerde pezones… Ola de calor. Mano en clítoris: grito. “Sigue, dedos, porfa…”. Me pone a cuatro, cojín bajo pelvis, culo arriba. Lengua en labios, dentro… corro. Sube a ano: raro al principio, luego placer loco. Le ofrezco más.
Glande en mi culito virgen. “Nadie entró ahí”. “Suave”. Empuja, lubricado con saliva y mis jugos. Dolor, paro: “Más despacio”. Empujo como en caca, entra todo. Soplo cortado. Va y viene, me llena las tripas. Dolor-placer, me folla el culo fuerte. Como muñeca. Acelera, eyacula dentro. Mi orgasmo: negro total, vacío minutos.
Despierto llorando de gozo. Nos abrazamos en sofá, mudos, horas. Besos. Quiere más, pero no. “Vete”. Ahora es mi amante, una vez al mes. No coño, pero mi culito es suyo solo. Cada polvo, fuego puro. Recuerdo su semen caliente, olor a sexo… Me mojo solo pensando.