Ay, chicas, no os podéis imaginar lo que me pasó esta mañana. Lunes, 7:45, el ascensor del curro petado de trajeados. Yo con mi falda ajustada, sintiéndome… diferente. Me había depilado todo el coño y el culo ayer, suave como la seda, después de un finde follando sin parar con mi amiga Laura. Ella me lamió el ano por primera vez, me metió un dedo… uf, me volvió loca. Pero hoy, en ese ascensor, la cosa se desmadró.
Estamos apretujados, calor, sudor. Siento algo duro contra mis nalgas. Una polla, tiesa, presionando. En vez de moverme, me pego más. Cada parada, me froto un poquito. Él crece, joder, qué grosor. Me giro un segundo: treintañero, guapo, sonrisa blanca como perlas. Nuestras miradas se clavan. El ascensor arranca, y bum, se pega del todo. Su verga palpita contra mi culo, hace un movimiento… claro que quiere follarme. Mi coño se moja al instante, recuerdo las manos de aquel capataz en la obra la semana pasada, su polla en mi boca. La razón se va a la mierda, solo quiero que me rompa.
La chispa en el ascensor abarrotado
Quinceava planta. Bajo, él también. No voy al despacho, directo a los baños. Me sigue, entra. Nos ponemos uno al lado del otro en los piscios. Me mira el coño depilado sin pudor. ‘¿Te afeitas la chochita?’, dice bajito, voz ronca. Me electrizo, como si me tocara ya. ‘Sí…’, susurro, la voz temblorosa, nada que ver con la tía dura del curro.
‘Reviente a la cabina’, ordena, puerta abierta. Entro, corazón a mil. ‘¡Quítate la ropa!’. ‘¿Aquí?’, balbuceo, pero ya me desabrocho la blusa. Falda abajo, braga… desnuda ante él, tetas firmes, pezones duros. Sus manos… dios, calientes, recorren mi piel, aprietan mis tetas, pellizcan los pezones. Gimo, me retuerzo, mi culo se mueve solo. Soy su puta ahora.
La follada brutal y el clímax ardiente
‘Sácala y chúpamela’, agarra mi nuca, saca su polla enorme, venosa, como la del capataz. Caigo de rodillas, la meto en la boca, lengua alrededor del glande, saliva chorreando. ‘Joder, qué buena mamadora’, gruñe. Chupo fuerte, gimo con su sabor salado, mi coño chorrea. No aguanto más, me giro, abro mis nalgas. ‘Fóllame el culo, por favor… hazme tu perra, lo necesito desde hace días’.
Sin vaselina ni nada, escupe en mi ano y empuja. ¡Aaaah! Quema, duele delicioso, se hunde hasta el fondo. Grito, pero muevo las caderas. Me taladra, polla gruesa abriéndome, bolas golpeando mi coño. ‘¡Qué culo tan apretado, puta!’, jadea, sudado, aliento caliente en mi cuello. Olor a sexo, piel pegajosa, mi ano ardiendo de placer. Me corro como loca, chorros por las piernas, él acelera… y se corre dentro, leche caliente llenándome. Temblo, exhausta, feliz.
Me visto rápido, salgo primero, lavo mi cara sonrojada con agua fría. Al despacho, piernas flojas, culo palpitando con su semen. Todo el día recordando su polla, esa follada bestial. Llego a casa a las ocho, Laura ha puesto la mesa… ¿para tres? ‘Un compañero del curro, trae champán’, dice. Suena el timbre. Ella abre, lo abraza por la cintura… es ÉL. Mi desconocido del baño. Sonríe, ojos brillantes. Mi coño se aprieta de nuevo. ¿Qué pasará esta noche?