Confesión caliente: Le chupé la polla a mi amigo en el coche sin darme cuenta

¡Hola a todos! Soy Lola, una española bien cachonda que vive sus deseos sin frenos. Os voy a contar una confesión que me quema por dentro, como si acabara de pasar anoche. Fue hace un año, en las vacaciones con amigos rumbo a una villa con piscina en la costa. Dos parejas por coche, monovolúmenes grandes para ir cómodos. Mi novio Pablo y yo íbamos atrás, Carlos al volante con su chica Marta de copiloto. Salimos sobre las nueve de la noche, con el calor bajando pero aún pegajoso, yo con un vestidito ligero de flores, él en short.

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Después de dos horas de carretera, la charla me vencía. Me acurruqué contra Pablo, la vibración del coche me arrullaba. Día largo, somnolienta. Me alegré tanto de las vacaciones, sol, piscina, sexo libre. Pablo se deslizó en el asiento, mi cabeza cayó natural en su vientre. Mmm, qué gusto. Hacia la una de la madrugada, fresco nocturno. Me eché la chaqueta sobre los hombros. Paramos en un área de servicio, pipí rápido. No quise moverme, me quedé tumbada en la banqueta. Oí la puerta, alguien me levantó la cabeza con cuidado. Volvió a su sitio, yo medio dormida, ni abrí los ojos.

La chispa que encendió el fuego

Minutos después… sentí algo debajo. Su polla endureciéndose, creciendo contra mi mejilla. Caliente, palpitante. Uf, qué morbo. Para animarlo, puse la mano en mi boca y presioné suave sobre el short. Él suspiró bajito. Sus dedos en mi pelo, acariciando. La tensión subía, el corazón me latía fuerte. ¿Y si nos pillan? Pero el deseo ardía. Moví la mano más firme, él empujó mi cabeza un poco. Presión dulce. Metí los dedos bajo el short, piel suave, venas hinchadas. La agarré, dura como piedra, calor subiendo a mi nariz. Olor a sexo, ese almizcle que me moja al instante.

La tensión era insoportable. Él movía las caderas, queriendo más. Cubrí mi cara con la chaqueta, por si acaso. Empecé a pajearlo lento, saliendo del short. Polla enorme, gorda, babilla ya en la punta. ¿Tanto excita la situación? Su mano bajó por mi muslo, bajo el vestido. Temblé. Tocó mi braga, empapada. La apartó, dedos en mis labios hinchados, resbaladizos. Metió uno en el coño, fácil, chorreando. Ahhh… gemí suave. Cerré las piernas para atraparlo ahí. Dos dedos ahora, follando mi chochito mojado. Nunca Pablo me había tocado así, profundo, frotando justo ahí.

La explosión de placer prohibido

Empujó mi cabeza hacia su polla. Dudé, ¿ruido? Pero cedí. Labios abiertos, la chupé. Gorda, llenándome la boca. Media al principio, saliva por todos lados. Él subió las caderas, queriendo fondo de garganta. Tosí un poco, pero seguí, mano pajera rápida. Sus dedos en mi coño, pulgar en el culo, círculos. Sacó los del coño, me lo metió en la boca para lubricar. Chupé fuerte, luego al ano. Dos en el coño otra vez, y el pullo en mi culito, entrando despacio. Placer doble, aceleré la mamada, lengua en el glande.

Él jadeaba corto, bassinazo fuerte. Yo masajeé sus huevos, pesados. Bajé mi mano al coño, saqué jugos, lubricante natural. Regresé a sus huevos, luego al ano. Presioné, dedo dentro. Se tensó, ¡pero empujó mi cabeza! Follando mi boca salvaje. De repente, ¡pum! Chorros calientes en la garganta. Tragué todo, furiosa, no una gota en la banqueta. Éxito brutal, nunca tanto semen. Su polla aflojó, la guardé. Me dio sus dedos a lamer, mi coño dulce, salado. Me dormí, estómago lleno, polla en mente.

Amanecía. Bajé la chaqueta de las piernas, vi a Carlos y Marta delante. Espera… ¿camisa de Pablo al volante? Levanté la cabeza: Pablo conducía. ¿Qué coño? No paramos más. Pregunté temblando: «¿Desde cuándo conduces, amor?». «Desde la parada del pipí, solo una vez más y llegamos». Horror. Le había mamado a Carlos. Su polla más gorda, el semen abundante. Él se hizo el dormido, aprovechó la oscuridad. Vergüenza ardiente, pero… qué polla. En la villa, lo miré fijo, él disculpó bajito: «Perdóname, Lola, fue irresistible». No le conté a Pablo. Fatiga feliz, coño palpitando aún. Recuerdo esa noche como fuego vivo.

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