Confesión: La Noche que Denis Me Hizo Perder el Control Total

Después de cenar en el comedor de la uni, volvimos a la habitación. Denis cojeaba por el yeso en su pierna derecha, pero su silencio me mataba. Todo el día pensando en lo de la tarde… esa mano en mi polla, el roce accidental que no lo fue. Caminamos lento, el aire pesado de verano pegándonos la ropa al cuerpo.

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La habitación estaba a oscuras cuando entré. Su respiración calmada, ya dormido. Me quité la ropa despacio, el calor bochornoso no invitaba a pijama. Desnuda, me metí bajo la sábana. Pero el sueño… ni de coña. Revivía la escena una y otra vez. ¿Qué coño habíamos hecho? Mi coño se mojaba solo de recordarlo, los dedos de él rozándome ahí abajo. Mi clítoris palpitaba, hinchado. Intenté ignorarlo, pero la sábana rozaba mis pezones duros. Terminé tocándome, suave al principio, gimiendo bajito. Pensando en su polla gruesa de la tarde. Me corrí mordiendo la almohada, el olor a mi propia excitación llenando el aire.

La Chispa que Enciende la Noche

La luz del alba me despertó temprano, como a las cuatro y media. Silencio total, solo pájaros lejanos. Me giré y… joder. Denis desnudo en su cama, a unos centímetros. El yeso en la pierna, el resto expuesto. Su pecho subiendo y bajando, barba de un día, labios entreabiertos. Bajé la vista: esa mata de pelos rubios enmarcando su polla floja, pero perfecta. Muslos fuertes del ciclismo. Me quedé mirando, hipnotizada. Entonces… se movió. Su verga empezó a endurecerse, lenta, alzándose como si supiera que lo observaba. El glande asomando, brillante.

Abrí los ojos más, el corazón latiéndome fuerte. Él entreabrió los suyos, me pilló. Lamió sus labios. ‘¿No duermes?’, susurró ronco. Se incorporó un poco. ‘Espero que no me odies por lo de ayer… No sabía qué decirte después de la cena. Me fui a la cama como un cobarde.’ ‘¿Yo? Pensé que tú estabas cabreado conmigo’, balbuceé. ‘Al revés… Me odio por no controlarme. No quiero que pienses que soy un pervertido.’ ‘Joder, yo pensé lo mismo…’, admití, la voz temblorosa.

Se quedó callado, mirando al techo. Luego extendió la mano. La tomé, nuestros dedos entrelazados sobre el vacío entre camas. Calor de su piel, presión suave. ‘Ven…’, murmuró. Crucé sin pensarlo, me pegué a él de lado. Mi cabeza en su hombro, su brazo acariciándome la espalda. Mi mano en su vientre, sintiendo los músculos. Respiraciones sincronizadas, profundas. Beso en mi frente, yo en su pecho. Nuestras bocas se encontraron, lenguas enredándose salvajes, sabor salado, aliento caliente.

Explosión de Placer Sin Límites

Sus manos bajaron, pellizcó mis tetas, pezones duros como piedras. Gemí en su boca. Bajó más, dedos en mi coño empapado. ‘Estás chorreando’, gruñó. Metió dos dedos, bombeando lento. Mi mano agarró su polla tiesa, venosa, enorme. La pajé fuerte, arriba abajo, sintiendo el precum resbaladizo. ‘Joder, sí…’, jadeó él. Aceleré, él me follaba con los dedos, pulgar en el clítoris. La tensión explotó. Me corrí gritando bajito, jugos por su mano. Él eyaculó segundos después, leche caliente salpicando mi vientre, mi mano pegajosa.

Pero no paró. Me arrodillé, besé su ombligo, bajé a su pubis. Olor a macho, sudor y sexo. Lamí sus huevos, mordí la base de la polla. La tragué entera, garganta profunda, saliva chorreando. Él gemía, mano en mi culo, dedo en mi ano apretado. ‘Chúpala más fuerte, puta’, susurró. Obedecí, succionando como loca, lengua en el glande. Sus caderas se movieron, follando mi boca. Se corrió otra vez, chorros espesos que tragué, salados, calientes. Limpieza con la lengua, él temblando.

Agotados, nos abrazamos, pieles sudadas pegadas. Nos dormimos así, como amantes. El despertador a las siete nos sacó, pero el recuerdo quema aún. Su polla en mi boca, mis corridas… Quiero más.

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