Ay, chicas, no puedo guardarlo más. Soy prof de español en un barrio duro de París, con alumnos mayores, casi de mi edad. Valentin… ese chico de ojos verdes tristes, huérfano, con cicatrices en el pecho que cuentan su dolor. Lo oí en los baños, hablando con Mouloud. ‘Quiero follarme a la profe Élodie, chuparle las tetas, meterle la polla hasta el fondo’. Me quedé helada, el corazón latiendo fuerte, el coño humedeciéndose sin querer. Desde entonces, lo miro distinto. Su piel pálida, esas pestañas largas, su scooter rojo… La tensión crece en clase. Me pongo faldas cortas, me inclino sobre su pupitre, rozando mis tetas en sus hombros. Siente mi calor, se pone rígido, suspira. ‘Valentin, corrige eso…’, le susurro, mi aliento en su cuello. Él tiembla, no escribe. En la playa, lo encuentro por ‘casualidad’. Mi bikini rosa minúsculo lo deja boquiabierto. ‘Ven, báñate conmigo’. Le cojo la mano, primera vez piel con piel. Agua fría, risas, sus ojos devorándome. Me unta crema, dedos temblorosos en mi espalda, desata mi top… roza mis pezones. ‘Para, hay gente…’, pero no quiero. Sus manos en mis muslos, subiendo… rozo su polla dura con el pie. La razón se rompe esa noche en Skype, sola, masturbándome pensando en él. Le doy mi dirección.
Domingo, midi. Llama a la puerta con rosas y pizza. ‘Élodie, estás preciosa’. En el sofá, me besa torpe pero hambriento. Lenguas enredadas, saliva dulce. ‘No deberíamos…’, digo débil. Abre mi vestido, mis tetas al aire. ‘Qué tetas tan ricas’, gime, chupándolas fuerte. Mordisquea pezones, duele rico. ‘Despacio, amor… es tu primera vez’. Le bajo el shorty, su polla salta, larga, venosa, palpitante. ‘Guau, qué polla más grande’. La beso, lame mi coño empapado. ‘Sabes a miel, Élodie’. Me come el clítoris, dedos dentro, gimo alto. ‘Fóllame ya, Valentin’. Se mete de un empujón, me llena el coño hasta las bolas. ‘¡Joder, qué apretada!’. Embiste salvaje, piel contra piel chapoteando, sudor caliente, olor a sexo puro. Me corro gritando, él eyacula chorros calientes dentro. ‘¡Sí, lléname!’. En la cocina, desnudos, me folla de pie contra la encimera. Polla dura otra vez, me parte en dos, orgasmos dobles, piernas temblando.
La chispa que encendió el fuego
Caemos en la cama, exhaustos, felices. Sudor pegajoso, semen goteando de mi coño. Me abraza, su pecho marcado contra mis tetas. ‘Gracias, Élodie, me has salvado’. Hablamos, acaricia mis curvas, yo su polla floja. Nos dormimos pegados, su aliento en mi cuello. Despierto con su sonrisa, el recuerdo ardiendo: su polla dura entrando, mis gritos, el placer brutal. Culpa un poco, pero qué rico… Ahora, sola en la cama, revivo cada embestida, el calor de su semen. Steph vuelve pronto, pero esto… fue fuego puro.