Hoy, 1 de junio de 2007, llegué al Manoir de Guermantes temblando de nervios y… de algo más. Él abrió la puerta, alto, con esa mirada que ya me ponía la piel de gallina. Llovía a cántaros, pero yo ahí, con mi abrigo oscuro, falda beige ajustada, medias con liguero que se notaban un poco, tacones clavándose en la grava. ‘Hola señor, soy Daphné, su nueva asistente’, dije, sonriendo, el corazón latiéndome fuerte. Su olor a hombre, a colonia cara, me golpeó. Entré, el clic-clac de mis tacones en el suelo de mármol. Me quitó el abrigo, rozó mi espalda… uf, calor subiendo por mis muslos.
En el saloncito, té humeante, charlamos. Yo sentada, cruzando piernas, el roce de las medias susurrando. ‘Quiero servirle bien, señor. Sus órdenes son… mías’. Él me miró las piernas, la falda subiendo un poco, mostrando el borde rojo del liguero. Me sonrojé, pero no aparté la vista. ‘Vaya a su boudoir, prepárese para el té de las 5’. Subí las escaleras, tacones resonando, el culo moviéndose solo. En el boudoir, rosa pastel, armario lleno: guêpières, tangas, tacones de 13 cm, guantes de encaje. Elegí lo puta: falda negra cortísima con raya roja, guêpière rosa apretándome las tetas, medias con costura, sandalias atadas, velo negro cubriéndome la boca, collar dorado grabado ‘Puta’. Me miré, el coño ya húmedo, palpitando.
La llegada y la tensión que me quema
Fui a la biblioteca. ‘¿Le gusta, señor?’, dije bajito, girando. Él mudo, ojos devorándome. La falda se abrió atrás, mostrando las ligas cortando mis nalgas, el tanga asomando. Me acerqué, el velo rozando mi aliento corto. ‘¿Quiere inspeccionar?’. Su mano en mi cadera, bajando… tocó el liguero, apretó mi culo. ‘Joder, Daphné…’. Yo gemí, su polla ya dura contra mí. La razón… puff, se fue. Le besé, lengua caliente, labios grasientos de rojo. ‘Fóllame, señor. Soy su puta’.
La follada brutal y el éxtasis
Me empujó al sofá, rasgó el velo. Sus manos manoseando mis tetas por la guêpière, pellizcando pezones duros. ‘Quítate la falda, zorra’. Obedecí, quedando en lencería, tacones. Arrodillada, saqué su polla gruesa, venosa, goteando pre-semen. ‘Mmm, qué rica’, lamí la cabeza, salada, chupé hondo, garganta apretada, babeando. Él gruñendo, cogiéndome el pelo. ‘Trágatela toda, puta’. Tosí, pero seguí, bolas en mi barbilla, olor a sexo fuerte. Me levantó, me abrió las piernas: ‘Mira cómo chorreas, coño depilado y mojado’. Metió dos dedos, chapoteando, yo arqueándome. ‘¡Sí, joder!’. Su polla entró de golpe, estirándome, dolor-placer. Me folló duro contra la mesa, tetas botando, uñas en su espalda. ‘¡Más fuerte, rómpeme!’. Cambiamos: yo encima, cabalgando, clítoris frotando, sudor mezclándose, su aliento en mi cuello caliente. Grité al correrme, coño contrayéndose, leche suya llenándome, caliente, escurriendo por muslos.
Caímos exhaustos, respirando agitados. Su cabeza en mis tetas, yo acariciando su pelo húmedo. ‘Ha sido… increíble, señor’. Sonrió, besó mi piel salada. Cansancio dulce, cuerpo flojo, coño palpitando aún con su semen dentro. Recuerdo su polla dura, mi sumisión total, ese olor a sexo pegado a nosotros. Quiero más, ser su puta secretaria para siempre. Mañana… ¿qué me ordenará?