Confesión: Mi noche salvaje con una travesti bajo el puente

Era estudiante en esta ciudad de mierda de provincia, siempre caliente, sin un tío que me follara como merecía. Las noches de fiesta me ponían a mil, pero necesitaba algo rápido, sucio. Conduje por las avenidas a las once, ojos abiertos para pillar una silueta jugosa. Nada de casualidades, esas putas esperaban cliente.

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Giro a la derecha, muelles del río. ¡Bam! Opel Corsa verde, puerta abierta, pierna enfundada en media y tacón negro brillando. Mi coño se mojó al instante. Pasé despacio, di la vuelta rápida para no perdérmela. Me paro a su lado, bajo la ventanilla.

La chispa que me encendió

—Buenas noches.

—Buenas, guapa. ¿Qué tal?

—¿Cuánto?

—40 la mamada, 60 el polvo completo, corazón.

Su voz ronca me puso la piel de gallina. Piernas suaves, tacones laca… Joder, ya estaba empapada.

—Vale, el completo.

—Sigue mi coche.

Arrancó, faros on, bajamos del bordillo. Cincuenta metros, giro al puente, junto al río, doscientos más y claxon a la izquierda. Bajamos a la vía soterrada, bajo el puente. Para, apaga luces. Yo me pongo al lado, contra la pared. Corazón a mil, manos temblando de ganas. Salgo, abro su puerta, me siento.

—¿Mamada o polvo?

—Polvo.

—60 entonces.

Saco billetes, le doy. Ella guarda en bolso, abre blusa. Tetas perfectas en sujetador push-up. ‘Quítate el pantalón’, dice. Me lo bajo, coño al aire, chorreando. Me acaricia muslos, me toca el clítoris. Saca condón, me lo pone… No, espera, primero me la mama. Boca caliente, lengua girando, me traga entera. Suspiro, cierro ojos. Calor de su aliento, olor a sexo subiendo.

Abro ojos: pelo rubio tapándole cara, labios en mi clítoris. Manos fuertes, uñas french. Intento tocarle culo, subo falda. Raie perfecta. Para un segundo.

—¿Te gusta?

—Joder, sí… ¿Puedo tocarte?

—Claro, ven.

Recula asiento, baja respaldo. Me lanzo a sus tetas, chupo pezones. Se arquea, gime bajito. Subo a cuello, oreja. Su mano en mi pelo, me besa. Lenguas enredadas, saliva caliente. Toco piernas, subo muslos. String rosa neón… y ¡sorpresa! Polla dura debajo. No flipé, me excitó más. Estaba tan cachonda que la saqué, la branqué. Piel suave, depilada, tiesa como piedra.

El polvo crudo e inolvidable

La tensión era insoportable. Mi razón se fue a la mierda. Quería todo.

—¿Te la chupo?

—Dale, preciosa.

Me inclino, la meto en boca. Sabe a pré-semen, dura perfecta. Mueve caderas, me folla la boca. Joder, pagué por que me usara. Minutos así, ella me tira, besa, me toca culo.

—¿Quieres follarme o que te folle yo?

Dudé un nano, pero lo solté:

—Tú primero… luego yo.

Nadie se lo creyó. Sabíamos que iba a ser una follada épica.

—Gírate, rodillas en asiento, camba ese culito.

Obedezco, asiento atrás, culo en pompa. Ella condón nuevo en su polla gruesa, corta pero gorda. Sonríe viéndome mirar. Salta el cambio de marchas, detrás mío. Gel frío en raie, lo esparce con glande.

—Relájate, vas a flipar.

Cambré más, busqué su punta. Deslizó, segunda intentona: entra. Dolor agudo, para, sigue. Manos en caderas. Empieza lento, luego fuerte. Polla rellenándome, frotando próstata… No, mi coño anal virgen abriéndose. Gimo, pido más.

—Fóllame, sí, más duro.

—Culito estrecho, joder qué bueno. ¿Te mola, puta?

Sí, era su puta. Embruñecida, solo sensaciones: embestidas, sudor, olor a sexo denso. Me brama la polla mientras me taladra. Gozo brutal, chorros en condón, grito sin control. Ella acelera, boca en nuca, sudada.

—Ven, lléname, fóllame a tope.

Se corre, contracciones, gruñe, vacía todo.

Después, jadeos. Se quita, limpia condones, buée en cristales. Me seca gel, nos vestimos en silencio. Hora pasada, agotada, feliz. Sonrisa suya, beso rápido. Salgo al frío, vuelvo a mi coche. Ella arranca. Paréntesis cerrado, pero en mi cabeza: el mejor polvo ever. Con una travesti puta. Volveré, seguro.

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