Me llamo Laura, tengo 28 años y llevo tres con mi pareja. Dos embarazos después, mis tetas son generosas pero un poco caídas, y mi culo ha ganado curvas. Él ya no me toca, solo me suelta pullas: abuela, vaca… En casa, sequía total. Se lo conté a mis amigas cercanas, no aguantaban verme así, sabían que necesitaba mimos… y sexo duro. ¡Después de tanto alardear de la polla de mi chico y sus folladas épicas, estaba al límite!
Ellas montaron una noche de tías: cinco, aperitivo en casa de una y luego discoteca. Bebí de más en el apero, hacía tiempo que no salía. Era mi noche. Hacia medianoche, nos preparamos. Yo, la primera en motivarme con unos chupitos extra, porque odio esa música de mierda, pero con alcohol entro en onda.
La chispa que encendió todo
Bailamos pegadas entre nosotras, para espantar tíos. Con el calor, los cubatas y el sudor, acabé frotándome contra mi amiga Sara. Pecho contra pecho, sudadas, y de repente noto sus pezones duros pinchándome a través de la camiseta. Mierda, qué calor… No paré, me sentía viva. Cuando nos piramos, todas mamadas, caminé con ella porque vivo lejos y no quería ir sola.
Llegamos a su piso, aún con el subidón. ‘¿Otro trago?’, dice. Pone música suave y bailamos lentito. Demasiado lentito. Sus manos en mi cintura, las mías en su espalda… Se van bajando. Noto algo raro: sus tetas rozan las mías, pezones tiesos como piedras. Antes llevaba sujetador, lo sentí. Y en sus leggings… nada debajo. ‘¿Sara, has salido sin bragas?’, le suelto. Me mira con ojos de puta en celo: ‘Sí llevaba, pero me las quité en el baño… y no solo eso’. Eh… ¿qué? Sigo bailando, pegada, su mirada me quema.
Treinta segundos y me agarra la cara, me besa suave, profundo. Labios calientes, lengua juguetona. Pierdo la cabeza. Todo el deseo acumulado estalla. Manos por todas partes, quitándonos camisetas. Ella me desabrocha el sujetador, mis tetas pesadas caen libres. Chupa mis pezones duros, mordisquea. Yo le arranco la suya: tetas firmes, pezones rosados erectos, areolas grandes. Nos frotamos pezón con pezón, besándonos como locas, manos en culos, muslos sudorosos.
La explosión de placer crudo y el dulce aftermath
Me arrodilla ella, me baja el pantalón. Mi tanga chorreando, coño empapado oliendo a sexo puro. Me lo quita todo, yo a ella. Desnudas en el salón, bailamos desnudas: mi pubis peludo rozando su raja depilada fina. Dégoulinante, siento el jugo bajándome por las piernas. La cojo de la mano: ‘A la cama, joder’. Nos tumbamos, piel contra piel caliente.
Ella me abre las piernas, lengua en mi clítoris hinchado. Lametazos lentos, chupando mi coño jugoso. Dedos dentro, curvados tocando el punto G. Gimo fuerte, ‘¡Sí, así, no pares!’. Me corro como una fuente, temblando, gritando. Usa sus tetas para frotarme, pies en mi raja… Todo. Intento devolvérselo, pero la noto floja. ‘Espera’, le ligo las manos con mi tanga. Ahora yo: beso su cuello salado, bajo a tetas, muerdo pezones. Lengua por barriga, llego a su coño: labios hinchados, clítoris palpitante, olor almizclado adictivo. Lamía despacio, sorbo sus jugos dulces. Dedos tres dentro, bombeando duro mientras chupo. Gime bajito al principio, luego grita: ‘¡Me corro, Laura, joder!’. Se retuerce, chorrea en mi boca. Yo exploto solo viéndola.
La desato, nos abrazamos sudorosas, besos perezosos. Nos dormimos oliendo a sexo, sábanas empapadas de corrida y sudor. Al despertar, luz normal. ‘Buenos días’, como si nada. Me visto, vuelvo a mi vida de madre y pareja. Pero al salir, piernas flojas, coño sensible… Recuerdo su sabor, sus gemidos. Aún me mojo pensándolo. Fue real, brutal, mío.