Confesión ardiente en el Museo del Erotismo: atada y follada sin control
Dios, aún me tiemblan las piernas al recordarlo. Mi marido me llevó al Museo del Erotismo un agosto caluroso en París. Pocos visitantes, sol radiante afuera. Llevaba una falda roja de algodón ligera, hasta medio muslo, zapatos de tacón bajo que realzaban mis piernas desnudas. Arriba, un jersey azul fino de cachemira, escote en V, … Read more