Confesión ardiente: Mi polvo loco con Clara en Saint-Tropez

Ay, chicas, no sabéis lo que me pasó este verano en Saint-Tropez. Acababa de dejar a mi novio en Juan-les-Pins, ese cabrón egoísta. Estaba hecha mierda, llorando con la mochila al hombro, pidiendo autostop. Un tío majo me llevó hasta allí, sin intentar nada, menos mal. Bajé, el sol cayendo, y pensé: paseo rápido y tren a París.

Pero el azar… uf. Paro en una buzón para ajustar las asas que me comían la piel. Y aparece ella. Clara. Alta, morena, bronceada hasta el alma, short blanco ajustado, top de bikini, sombrero loco y gafas enormes. ¡Una diosa! Pestañeando contra el buzón, con un sobre. ‘¿Tienes un sello?’, me suelta. Claro que sí. Me quito la mochila, revuelvo el monedero… torpe total. Ella se ríe, suave. ‘Gracias, te lo pago. Oye, ¿estás bien? Tienes cara de funeral.’

La chispa que me prendió fuego

Le cuento todo, la ruptura, el cabreo. Me invita a un helado gigante. Pasamos al tuteo de golpe. Escucha de verdad, sin interrumpir, sin consejos de mierda. Entiende el bajón. ‘Qué planes?’, pregunta. Le digo lo mío, interina con días libres. Ella en un estudio de su tía, sola y aburrida. ‘Quédate unos días.’ Dudé. ‘No me conoces…’ ‘Por eso solo unos días.’ Algo no cuadraba. Sonríe pícara. ‘Vi cómo me miraste en el buzón. Me gustó. Quiero que me mires más.’

Piel de gallina. Lágrimas otra vez. Me abraza, besa mejillas, acerca labios… Me resisto un poco. ‘Guarda para luego.’ Sonríe como loba. Terminamos helados, charlamos. Su vida: profe de dibujo, soltera. Vamos al estudio con vistas al puerto. ‘Ducha?’ ‘Juntas.’ Orden suave. Me excita.

En el salón, se quita el top. Tetas perfectas, peras maduras, pezones duros, bronceadas. Las coge, menea. ‘No están mal, ¿eh?’ ‘Maravillosas…’, balbuceo. Baja el short. Coño rasurado, liso. Raro para mí entonces, pero… se pone a cuatro patas en la cama, culo arriba, piernas entreabiertas. ¡Joder! Dos nalgas redondas, abriegas su abricot desnudo. Huele a mar y a ella. Mi chocho palpita, se moja.

Explosión de coños y culos

‘Qué bonito…’, susurro. Se acaricia el culo. No aguanto. Corro, aparto sus manos, toco esa piel satén. Beso nalgas, bajo al coño. Huele a sexo, a cornuda en celo. Lamo jugos que le chorrean muslos. Devoro, sorbo, quiero tragármela. Me desnudo a tirones. Ella silba: ‘¡Qué rica!’ Vuelvo, lameo más. Intento girarla. ‘No aún.’ Sigue a cuatro, resiste. Mi lengua cerca de su ano. ¿Lamer culo? Primera vez. Me acerco… lo hago. Sabor acre leve, luego dulce. Ronronea. ‘¡Eres una guarra!’ ‘Sigo…’ Empujo lengua, abro nalgas, penetro. Me mojo yo loca.

Cinco minutos eternos. ‘¡Azota!’ Tardo. ‘¡Azota el culo!’ Palo flojo primero. ‘¡Más fuerte!’ Rojea, gime ‘¡Sí!’. Pienso: ¿por qué yo? ‘¿Me das a mí luego?’ ‘Si eres buena…’ Se gira brusca, abre coño, frota clítoris. ‘¡Hazme correr!’ Planto lengua en clito hinchado. Tiembla, se arquea, grita orgasmo brutal. Cae jadeante. ‘¡Joder, qué rápida!’ Yo tiemblo, lloro feliz. Nos abrazamos, besos largos, lenguas enredadas.

Agotada. Ella me toca, pellizca pezones. Frío. Quiero correrme, me masturbo mientras juega tetas. ‘Ducha mañana.’ Va a mear, abierta, labios coño separados, jet dorado chispeando. Sonrío, me duermo con ese sonido, cuerpo pesado de placer, recuerdo su culo en mi boca quemándome viva.

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