Confesión: Me folló una lesbiana en una posada y perdí el control total

Ay, chicas… Aún tiemblo al recordarlo. Estaba en esa posada cerca de Chartres, con la cámara oculta grabando todo. Mi plan era perfecto: seducir a Lucrecia, esa viuda manipuladora, para salvar a mi padre de su boda con él. Pero… joder, qué error.

Ella me acorraló contra la pared. Sus manos en mi vestido, tirando de los botones. Intenté zafarme, ‘¡Para, Lucrecia!’. Pero me tomó la cara, fuerte, y me obligó a mirarla. Sus labios calientes, suaves… se estrellaron contra los míos. Su lengua, ¡dios!, se coló dentro, danzando con la mía. Dulce como fruta madura. Me dejó las piernas flojas, el corazón a mil. Un beso… y ya estaba perdida.

La chispa que encendió el infierno

Caí sobre la cama, fingiendo resistencia. ‘¡No, basta!’. Ella encima, riendo bajito, ‘Bésame, tonta, te va a gustar’. Se retorcía como una serpiente, experta, quitándome la ropa mientras me besaba. Su sujetador cayó, un pecho pesado saltó libre, pezón duro rozándome la cara. ‘¡Chúpalo!’, ordenó. ‘¡No!’, pero su lengua invadió mi boca otra vez, explorando todo.

Nuestras lenguas se enredaron, salvajes. Nunca besé así a nadie, ni a mi marido. Sus tetas contra las mías, pezones frotándose, fuego puro. Levantó la rodilla, abriéndome las piernas. Desnuda, vulnerable… Mi coño palpitaba ya. Ella me ofreció el pecho de nuevo, y… lo chupé. Como una niña hambrienta, el pezón hinchándose en mi boca. Error fatal.

Me volteó, lamió mi culo, mi espalda. Tiró de mi braga, ¡zas!, abajo. Su boca everywhere, mi ombligo, mis caderas. ‘¡No, Lucrecia, no soy lesbiana!’. La agarré del pelo, pero ella inmovilizó mis manos. Su aliento caliente en mi clítoris… ‘¡Oh no, por favor!’. Intenté cerrar las piernas, pero su lengua tocó.

Explosión. Me arqueé, gimiendo. Sus dedos y lengua en mi coño, lamiendo, chupando el clítoris hinchado. ‘¡Joder… sí!’. Olvidé la cámara, el plan. Mis manos en su pelo, empujándola más adentro. Lengua y dedos follándome, mi coño chorreando. Orgasmo uno: temblé, grité, el mundo giró.

El clímax brutal y el dulce agotamiento

No paró. Me puso de lado, lamió más fuerte. Segundo orgasmo, brutal, lágrimas en los ojos. ‘¡Para… no puedo!’. Pero mi culo se levantó, pidiendo más. Entonces… se levantó, corrió desnuda y volvió con un arnés. Una polla de goma enorme, tiesa.

‘¡No!’. Pero ella entre mis piernas, empujando. Entró lenta, mi coño apretándola. Intenté resistir, músculos contraídos. Pero besó mi cuello, mi boca… Me rendí. Deslizándose profundo, follándome ritmado. ‘¡Ahhh!’. Ondulé con ella, chocho abierto, succionándola. Tsunami de placer, grité tan fuerte que tapó mi boca.

Me puso a cuatro patas. Entró por detrás, fácil, mi culo tragándosela. Me folló salvaje, yo meneando como puta en celo. Otro orgasmo, el cuerpo vibrando. ‘¡No aguanto… es demasiado bueno!’. Dos horas después… agotadas.

Ella fumando un cigarro, yo hecha un trapo en las sábanas sucias de sudor y jugos. Su mano en mi pelo húmedo, mirada perdida. Lágrimas en sus ojos. Yo… feliz, rota. Nunca follé así. Mi coño aún palpita recordándolo. ¿Lesbiana? No sé. Pero quiero más.

Leave a Comment