Confesión caliente: Pillaron a mi compañero espiándome y nos corrimos como animales

No podía creerlo. Estaba en mi habitación, sola, con las piernas abiertas sobre la cama. Me quité la camiseta, mis tetas pequeñas, como mitades de limón, con pecas y pezones rosados gruesos, se quedaron al aire. La piel blanca brillaba bajo la luz tenue. Bajé las bragas, mi mata de vello castaño corto y espesa. Me tapé con la sábana, como siempre, y empecé a tocarme. La mano bajando lento, rozando el clítoris hinchado, húmedo ya. Gemí bajito, el placer subiendo, el coño palpitando.

De repente, un golpe en la puerta. Mi corazón latió fuerte. ‘¿Sí?’, dije. Silencio. Me asomé por la mirilla… nada. Volví a la cama, pero algo no cuadraba. Abrí de golpe. Allí estaba él, mi coloco Pablo, con la cara roja, la polla dura marcada en el pantalón. ‘¡Pablo! ¿Me espiabas?’, grité, envolviéndome en la sábana, desnuda debajo.

La tensión que estalla sin control

Él balbuceó, ‘Rebeca, yo… me encanta verte así’. Me enfurecí, pero… su erección me hipnotizó. El calor subió por mi vientre. ‘Eres un cerdo’, dije, cerrando la puerta. Pero en mi cuarto, el coño me ardía más. Minutos después, salí envuelta en una toalla. Abrí su puerta. ‘Puedes mirarme. Ven’.

Lo senté en la silla junto a la cama. Dejé caer la toalla. Mis tetas firmes, el coño roux con el clítoris asomando. Me subí a la cama, sábana cubriéndome, abrí las piernas. Mi mano se coló debajo, frotando lento. ‘Muéstramela’, susurré, jadeando. Él sacó la polla, gruesa, venosa, goteando ya. Olía a sexo, salado. Me masturbé más rápido, los pechos subiendo, pezones duros. ‘Tus tetas…’, murmuró. Cogí su polla con la mano izquierda, dura como madera. Él olió mis bragas tiradas, gemí fuerte, corriéndome arqueada, ‘¡Aaaah síii!’. Él se aguantó, la verga latiendo.

‘Ahora tú, córrete viéndome’. Bajé la sábana hasta el ombligo, tetas al aire. Él se pajeó furioso sobre mis bragas sucias. Imaginé su lengua en mi coño. ‘¡La lechaaaa!’, gritó, chorros espesos en la tela. Me corrí otra vez, apretando las piernas.

La tensión era insoportable. Esa noche, entró en mi cuarto. ‘Tengo ganas’, dijo directo. Me besó, lengua dentro. Nos desnudamos. Su polla rozó mi coño rasurado –me lo había afeitado esa tarde, liso, pecoso. ‘Fóllame, Pablo. No aguanto más’.

La follada brutal y el clímax ardiente

Me tiré sobre la cama, piernas abiertas. Él se arrodilló, lamió mi clítoris, chupando fuerte. ‘¡Joder, qué rico!’, gemí, tirando de su pelo. Su lengua entró en mi coño empapado, saboreando mis jugos. Le chupé la polla, dura, salada, metiéndomela hasta la garganta. Tosí, saliva goteando por sus huevos.

‘No más juegos’, jadeé. Me puse a cuatro patas, culo en pompa. ‘Métemela ya’. Empujó, el glande abriendo mi coño virgen de polla. Dolor y placer, ‘¡Lentooo!’. Entró centímetro a centímetro, caliente, estirándome. ‘¡Qué prieta estás!’, gruñó. Empezó a bombear, lento al principio, luego salvaje. Mis tetas rebotando, pezones rozando las sábanas. ‘¡Fóllame más duro, joder!’. Le clavé las uñas en la espalda, él me azotó el culo, rojo al instante.

Cambié de posición, encima. Cabalgué su polla, coño tragándosela entera. ‘¡Siente cómo te aprieto!’. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones. Sudor por todos lados, olor a sexo intenso, coño chorreando. ‘Me corro… ¡vame dentro!’, chillé. Él explotó, leche caliente llenándome, chorros potentes. Yo me vine temblando, contrayendo el coño alrededor de su verga.

Nos derrumbamos, exhaustos. Su semen goteando de mi coño, mezclado con sangre leve –mi primera vez. ‘Ha sido… increíble’, susurré, acurrucada en su pecho. Sudor pegajoso, respiraciones cortas. Besos suaves, su mano en mi culo. ‘Quiero más’, dijo. Sonreí, cansada, feliz. El recuerdo quema aún, mi coño palpita al pensarlo. ¿Repetiremos? Dios, sí.

Leave a Comment