Mi confesión ardiente: la noche que follé sin frenos con un desconocido en Lyon

Era un día soleado de primavera en Lyon. Yo, María, una madrileña de curvas generosas y piel morena, había llegado por trabajo. Vendía lencería fina y me perdí cerca de la Saône. De repente, un tío atractivo se planta delante: ojos azules, pelo canoso, cuerpo atlético. Quinquagenario pero follable a morir. ‘¿Puedes ayudarme? Busco la Croix-Rousse’, le digo con mi acento español. Él sonríe, me explica el metro, la ficelle… y acaba acompañándome. ‘Ven, te llevo seguro’, dice. Durante el trayecto, charlamos. Se llama Patrick. Me cuenta de su ciudad, yo de Madrid. Llego a mi cita, pero antes de irme, lo agarro del brazo. ‘Cena conmigo esta noche. No conozco a nadie’. A las 20h en mi hotel cerca de Ainay.

La noche fluye. Paseamos por el Opéra, cenamos en un bouchon con kirs y St Joseph. Reímos con anécdotas. Su mirada me quema. Hablamos de mi curro en lencería, y noto su polla endureciéndose bajo la mesa. Paseo por Vieux Lyon, cruzamos a St Jean. Subimos al Sofitel, al bar Melhor con vistas panorámicas. Pido champán. Nos sentamos en sillones profundos, mi falda sube por los muslos. Sus ojos devoran mis piernas. ‘Qué noche perfecta’, susurro, rozando su mano. El alcohol calienta mi coño, siento humedad entre las piernas. Lo miro fijo, el deseo aprieta el pecho. Bajamos, lo llevo al hotel. ‘No quiero que termine’, digo apretando su mano. En el ascensor, ya nos besamos. Lenguas enredadas, aliento corto.

La chispa que encendió el fuego

Entramos en la habitación. Lo empujo contra la pared, le arranco la camisa. Su pecho firme, olor a hombre. ‘Fóllame, Patrick’, gimo. Me quita el vestido, ve mi tanga empapada. ‘Estás chorreando’, murmura. Me tumba en la cama, besa mi cuello, baja a mis tetas. Las chupa duro, muerde pezones. Gimo fuerte. Sus manos abren mis piernas, lame mis muslos. Huele mi coño, caliente y mojado. ‘Qué rico tu olor’, dice. Me come el clítoris, lengua rápida. Meto dedos en su pelo. ‘¡Sí, así!’. Introduce dos dedos en mi chocho, busca mi punto G. Presiona suave… ¡joder! Eyaculo como loca, chorros calientes en su cara. Grito, tiemblo. Él no para, me folla con la boca hasta otro orgasmo.

El clímax brutal y el after inolvidable

‘Ahora yo’, dice. Me pongo a cuatro, pero primero lo chupo. Su polla semi-dura crece en mi boca. La mama entera, lamo el frenillo, masajeo huevos. Se pone como piedra. Me monto encima, froto mi coño en su punta. Baja despacio, me llena. ‘¡Qué polla gorda!’, jadeo. Subo y bajo, tetas rebotando. Él me agarra el culo, me embiste. Cambio a perrito, me clava hasta el fondo. Siento sus huevos contra mi clítoris. ‘¡Córrete dentro!’, grito. Él acelera, gruñe, me inunda de leche caliente. Colapso, sudados, felices.

Nos duchamos. Agua caliente, jabón resbalando. ‘Prueba esto’, digo juguetona. Le meto un dedo en el culo, busco su próstata. Se tensa, gime. Froto suave, masajeo huevos. Eyacula claro, sin tocar la polla. ‘¡Increíble!’, suspira. Dormimos abrazados. Por la mañana, un último polvo lento, lamidas y penetradas suaves. Se va, sin aeropuerto. ‘Fue perfecto, no lo olvidaré’, le digo. Un año después, le mando una carta: ‘Pienso en ti…’. Ese recuerdo me moja aún hoy.

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