Confesión ardiente: Mi vestido azul y el jogger que me volvió loca

Hoy hace un sol delicioso, de esos que calientan la piel. Voy de la mano con mi marido, Gilles, por el camino de tierra hacia el parque. Llevo mi vestido azul cielo, sin tirantes, elástico en el pecho, y… nada debajo. El tejido ligero se pega un poco al sudor, marca mis curvas. Gilles no para de mirarme, excitado. ‘Hace calor para abril, ¿no?’, dice riendo. ‘Mejor, así te excitas más, vicioso’, le pincho yo.

Tomamos el sendero herboso, más romántico, zigzagueando entre árboles y arbustos. Brisa suave, nadie alrededor. Siento su mano apretar la mía. De repente, mira alrededor… y zas, baja el bustier de mi vestido. Mis tetas al aire, pezones duros por el aire fresco. ‘Mucho mejor así, meine Liebling’, murmura, y se lanza a chuparlas. Lengua caliente en mis pezones, manos por todas partes. ‘¡Eres un pervertido!’, gimo, pero abro las piernas. Su mano baja, roza mi coño ya mojado. Dedos resbalando en mis labios hinchados. ‘Estás chorreando’, dice con voz ronca. Me tiemblan las rodillas.

La chispa en el sendero herboso

No se para. Baja el vestido entero, lo dobla en la hierba. ‘A cuatro patas, quiero tu culo’. Me pongo, el sol en la espalda, brisa en el coño expuesto. Su polla dura entra de golpe en mi chocho empapado. ¡Joder, qué bien! Me folla firme, pellizcando mis nalgas. El olor a sexo y hierba me marea. Respiro corto, gimiendo bajito. La tensión es insoportable, quiero más.

De pronto, una voz: ‘Veo que la primavera llegó con ganas…’. Giro la cabeza, aún a cuatro, polla de Gilles clavada en mí. Un jogger de unos cuarenta, buenorro, short ajustado con una erección obvia. Me mira el coño follado, las tetas colgando. No me cubro. Gilles sigue bombeando, sin parar. ‘Únete si quieres’, dice casual. El tipo, Guillaume, se acerca, baja el short. Polla larga, venosa, goteando pre-semen. ‘Si ella quiere…’, dice mirándome. ‘Hmmm, ven’, murmuro.

Me arrodillo más, su glande en mi boca. Sabe salado, caliente. Chupo avida, lengua en el frenillo, mientras Gilles me taladra el coño. ‘Joder, qué buena boca’, gruñe Guillaume. Me agarra el pelo suave. Acelero, bolitas en la garganta. Él tiembla, ‘Me corro… ¿puedo en tu boca?’. Asiento, y ¡pum! Chorros espesos, calientes, tragándomelo todo. Tose un poco, pero me encanta el sabor amargo.

La pasión desbocada y el clímax doble

Ahora yo. Me tumbo en mi vestido, piernas abiertas. Guillaume lame mi coño, lengua torpe pero insistente. Gilles besa mi boca, retuerce pezones duros. ‘Aaah… sí…’, jadeo. La ola sube, pellizcos en tetas me vuelven loca. Exploto gritando, cuerpo arqueado, coño palpitando en su cara.

No paran. Condón a Guillaume, se tumba. Me monto, guío su polla a mi entrada. Baja despacio, llenándome. Tetas en su cara, él mama. Gilles detrás, saliva en mi culo. ‘Relájate, puta mía’. Empuja, glande abriendo mi ano apretado. Dolor-placer, ¡doble llena! Mueven pollas en tándem, rozándose dentro. Sudor goteando, olores mezclados: sexo, tierra, piel caliente. ‘¡Joder, me parto!’, grito. Orgasmo brutal, coño y culo contrayéndose, leche de Gilles en mi recto, Guillaume en el condón. Caigo exhausta, temblando.

Despierto en la hierba, sol dorado en mi piel desnuda. Ellos charlan bajito. ‘Tu mujer es una diosa’, dice Guillaume. Se va discreto. Gilles me besa. ‘¿Casualidad o montaje?’, pregunto sonriendo. ‘El azar hace milagros’, guiña. Camino de vuelta, semen resbalando en mi culo, piernas flojas. Felicidad perezosa, recuerdo ardiente. Quiero más.

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