Ay, chicas… No sé por dónde empezar. Todo pasó ayer, en esa terraza abarrotada del café de siempre. Yo, con mi falda corta y medias negras, buscando un sitio. Él ya estaba ahí, Pascual, con sus ojos azules intensos, pelo sal y pimienta, unos cincuenta tacos pero con un rollo… uf, magnético. ‘Siéntate, hay sitio’, me dijo seco, sin mirarme mucho. Pero al día siguiente, volví. Y él también. Empezamos a charlar de arte griego, mitología… Me contó anécdotas suyas en Grecia, riendo bajito, con esa voz ronca que me erizaba la piel.
Cada cruce de piernas, notaba su mirada bajando. ‘Te gustan mis piernas?’, solté juguetona. Él sonrió, sin rubor. ‘Son terribles… pero esos pantis son una herejía’. Dios, el calor me subió por el cuerpo. Al día siguiente, falda más corta, bragas de tul transparente. Le provoqué: ‘Dime de qué color son, o me las quito aquí mismo’. Bajó los ojos, rojo como tomate. ‘Champán… tul transparente. Estás depilada’. Mi coño palpitaba ya, húmedo, oliendo a deseo. Lo besé fuerte, lengua dentro. Él me cogió la mano y me llevó a su galería, besándonos por la calle, ignorando miradas. La razón… se fue a la mierda.
La chispa que encendió todo
Entramos, cerró. ‘María, esto es una locura…’, murmuró, pero yo ya le desabrochaba el pantalón. Su polla saltó, gruesa, venosa, tiesa como piedra. La chupé ansiosa, saliva goteando, lengua en el frenillo, pero era enorme, solo metía la mitad. ‘Para, tengo algo mejor’, gruñó. Me tumbó en la cama pequeña, lamió mi coño despacio. Su lengua caliente, áspera, en mi clítoris hinchado, chupando mis labios mojados. Olía a sexo puro, mi flujo empapándolo. Gemí fuerte, ‘¡No pares, joder!’. Tres orgasmos me dio así, piernas temblando, sudor pegajoso.
La explosión de placer sin frenos
Entonces, su verga contra mi entrada. ‘Es grande, ¿aguantas?’, preguntó jadeante. ‘Fóllame ya’, supliqué. Entró lento, centímetro a centímetro, estirándome hasta doler placer. Calor abrasador, venas rozando mis paredes. Empezó despacio, luego ritmos salvajes, pellizcando mis pezones duros. ‘¡Más fuerte, Pascual!’. Me volteó a cuatro, polla profunda, huevos golpeando mi culo. Sudor goteaba, su aliento corto en mi cuello. Cambió a mi ano, lubricado con mi jugo. ‘Relájate, guapa’. Entró, ardor delicioso, follándome el culo mientras frotaba mi clítoris. Grité, explotando en oleadas, coño contrayéndose vacío.
Se corrió dentro, semen caliente llenándome, chorreando por muslos. Caímos exhaustos, pieles pegadas, olor a sexo y sudor. ‘Eres increíble’, susurró besándome. Yo, temblando aún, feliz, recordando cada embestida, cada lamida. Fatiga buena, músculos doloridos, coño palpitante. ‘Volveremos a vernos, ¿verdad?’. Sonrió pícaro. ‘Solo como fuckfriend’. Pero sé que fue más. Ese fuego… me quema todavía.