Mi confesión: la orgía salvaje con tres tíos que me volvió loca de placer

Queridos, esto que os cuento me pasó hace casi un año, pero lo siento como si fuera ayer. Fui a la fiesta de cumpleaños de Fred, un viejo amigo de la uni. Hacía dos años que no lo veía. Allí conocí a tres colegas suyos: Luis, Marcos y Julián. Charlamos de videojuegos, nos caímos bien al instante. Yo acababa de dejar a mi novio y estaba abierta a todo, sobre todo a nuevas caras… y cuerpos.

El sábado siguiente, Marcos me invita a su piso en París. Un ático brutal, con los dos pisos de abajo vacíos, oficinas abandonadas. Podíamos poner música a tope sin joder a nadie. Llego con birras, me sientan en el sofá enorme. Luis y Julián ya están jugando a la consola, pizza fresca y cervezas frías en mano. Empezamos a machacar en los juegos de lucha, birras va, birras viene. Sobre las once, pausa musical, y la charla se pone picante.

La chispa que encendió todo

—¿Y tu ex? —pregunta Luis, con una sonrisa pícara.

—Se largó con un tío que tiene una polla enorme, dicen mis amigos —suelto, riendo.

—Pff, todas queréis lo mismo: una buena verga —dice Julián, rotando.

Yo asiento, el alcohol me suelta la lengua. Hablamos de follamigos, planes cul. Julián confiesa que ahora va más a por tíos.

—¿Te molesta estar con un bi? —me suelta.

—Qué va, estoy abierta a todo —digo, sintiendo un cosquilleo.

El clímax brutal y el éxtasis compartido

La tensión sube. Nuestras piernas se rozan en el sofá estrecho, manos que ‘accidentalmente’ tocan rodillas. Sudor en la nuca, aliento caliente. Julián pregunta si he probado autoboquete. Yo río, ellos se bajan los pantalones. Julián hace el pino contra la pared, se pone a pajearse esa polla bestial de 20 cm. Dura como piedra, vena marcada, olor a macho. Me quedo con la boca seca, el coño palpitando.

Silencio pesado, música retumba. Siento sus miradas. Luis y Marcos se acercan, manos en mi pecho, muslo. Bajo la vista: mi pezón duro bajo la camiseta. Marco roza mi entrepierna, siento mi humedad. ‘Si quieres irte…’, dice. Pero no. Mi razón se evapora, el deseo manda.

Sus labios en mis mejillas, lenguas en mi boca. Manos expertas me bajan los vaqueros, acarician mi coño chorreante. ‘¿Quieres pajearnos?’, susurra Luis. Asiento. Dos pollas gordas saltan libres, calientes, pulsantes. Las agarro, piel suave sobre hierro. Les pajeo fuerte, ellas crecen en mis manos. La mía sale, tiesa de excitación. Me la chupan a dúo, lenguas voraces.

Julián: ‘Vamos a la cama’. Un king size monstruoso. Nos desnudamos. Ellos, cuerpos esculpidos, pollas erguidas. Yo, tetas firmes, culo redondo. Me tiran al colchón. Julián se tira a mi coño, lengua hurgando clítoris, dedos en ano. Gimo, arqueo espalda. Luis y Marco me besan tetas, cuellos. Agarro sus vergas, pajeo ritmado.

‘¿Quieres mamar?’, pregunta Marco. Empiezo con Julián: boca llena, salada, venosa. Chupo, babeo, garganta profunda. Él gime, empuja. Cambio a Luis, sabor distinto, más dulce. Marco se une, pollas en mi cara, rozo lengua en ambas. Se ponen en 69 con ella en medio: yo chupando Julián, él lamiéndome; Luis y Marco mutuo.

Olor a sexo everywhere, sudor mezclado, gemidos roncos. Manos en nalgas, dedos en culos. ‘¡Joder, qué bien chupas!’, gruñe Luis. Cambio posiciones: círculo perfecto, cada boca en una polla. Sabor a saliva ajena, pre-semen. Aceleramos. Primero Marco eyacula en boca de Luis, leche espesa. Yo exploto, chorros en garganta de Julián, tragué todo. Luis me llena la boca, salado caliente. Julián último, río de semen glutinoso bajando por mi garganta.

Agotados, cuerpos enredados, pieles pegajosas. Sudor frío, respiraciones jadeantes. Sonrisas cómplices. ‘Eres increíble’, dice Marco. Me siento plena, deseada. Ese sabor persiste, el calor en mi vientre. Sé que repetiremos. Mi cuerpo vibra aún con el recuerdo de esas pollas, esos orgasmos. Pura adicción.

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