Confesión caliente: El chico de la limpieza me folló salvajemente en mi balcón de las Canarias

Me llamo Edita, tengo 36 años y soy una puta viciosa que vive para el sexo. Acababa de divorciarme por segunda vez y me fui a un hotel de lujo en las Canarias. Dos semanas de sol, playa y mi coño ardiendo. Llevaba meses sin follar, así que cada mañana me tumbaba casi desnuda en el balcón, piernas abiertas, dedos hundidos en mi clítoris hinchado. El sol me quemaba la piel, el sudor me resbalaba por las tetas, y yo… ay, me asturbaba como una loca imaginando pollas gruesas.

Puse el cartel de ‘No molestar’ para estar sola. Cerraba los ojos, gemía bajito, ‘hmm… sí, fóllame más profundo’. El olor a mi coño mojado me volvía loca. Una semana así, pura evasión. Las noches en la discoteca, tíos babosos, pero nada interesante. Volvía y me tocaba bajo la ducha, agua caliente en mi piel sensible.

La chispa que enciende el fuego

Un día, ¡zas! Ruido en la habitación de al lado. Un sillón cayendo. Asomé la cabeza… un chaval joven, de limpieza, tirado en la moqueta. Me vio, seguro. Mi coño palpitaba aún. ¿Me había estado espiando antes? Joder, qué morbo. No es mi tipo habitual, pero era mono, delgado, con ojos hambrientos. Pensé: ‘¿Por qué no? Si le mola verme correrme, que disfrute’.

Me recolocó, orienté el cristal para que reflejara. Segundos después, su sombra. Me excité más. Dedos rápidos en el clítoris, ‘ahh… sí…’, cambré la espalda, tetas al aire, sudor goteando. Gemí fuerte, me corrí temblando, chorros de jugo por mis muslos. Para él. La tensión crecía cada día. Bananas en el coño y el culo, ‘hmm, necesito algo más gordo… en mi maleta’. Lo vi en la piscina, polla dura en el pantalón, rojo como un tomate. Reí por dentro.

Al día siguiente, no aguanté. Desperté con el coño en llamas, empapada. ‘Hoy te follo yo a ti’, pensé. Desnuda bajo la bata, esperé. Pasos en el pasillo. Abrí de golpe, él ahí, boquiabierto. Mi bata entreabierta, teta asomando, muslo desnudo. Lo agarré de la mano, ‘ven… rápido’. Entramos, bata al suelo. Desnuda total, coño chorreando. Me toqué delante de él, ‘mírame… ¿te gusta mi coño mojado?’.

El clímax sin control y el éxtasis final

Su polla se endureció al instante. Me acerqué, besos torpes. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones duros. La mía en su bragueta, saqué esa verga tiesa, caliente. ‘Joder, qué dura… métemela’. Nos tocamos mutuo, de pie en medio de la habitación. Sus dedos en mi clítoris, yo pajeadándolo lento. ‘Más adentro… sí, así’. No llegué al baño. Me tiré en la moqueta, piernas abiertas, ‘fóllame ya, no aguanto’.

Entró de un golpe, resbaladizo por mis jugos. ‘¡Ahhh! Qué polla…’. Movimientos lentos al principio, luego brutales. Me labouraba el coño, piel contra piel, sudor mezclándose, olor a sexo puro. ‘Más fuerte… joder, me vas a partir’. Él experto, retrasando el orgasmo. Golpes de cadera, yo respondiendo con los míos. ‘Me corro… ¡sííí!’. Chorros de leche caliente llenándome, yo explotando, espasmos en todo el cuerpo.

Agotados en el suelo, jadeando. Lamí su glande, salado, ya endureciéndose. Lo chupé profundo, garganta llena, ‘glup… glup…’. Miradas sucias. De repente, me dio la vuelta, ‘quiero tu culo’. Escupió, empujó. Dolor agudo, ‘¡ayyy! Lento…’. Pero el placer vino fuerte. Me sodomizaba salvaje, agarrando caderas. ‘¡Fóllame el culo!’. Onda de calor, tetas duras, corrí gritando. Sacó la polla, me roció el culo de semen caliente, restregando.

Se fue corriendo, trabajo. Yo tirada, coño y culo palpitando, leche goteando. Felicidad pura, cuerpo roto pero vivo. Esos días repetimos, mañanas de sexo bestial. Volví a casa con el culo destrozado, pero recuerdos que me mojan aún. Quiero volver… o masturbarme pensando en su polla.

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