Confesión caliente: Salvada de una violación y follada hasta el delirio por mi héroe

Era de noche en el barrio, frío que calaba los huesos. Unos cabrones me tenían acorralada contra la pared del bloque B, riendo como hienas, bajándome los vaqueros. Sentía sus manos ásperas en mi piel, el hedor a sudor y cerveza. De repente, un tío con su perra rottie aparece. ‘¡Dejadla o os mato a todos!’, grita. El perro salta, muerde al que tenía el cuchillo en mi cuello. Huyen como ratas. Me cargan a hombros hasta su casa, temblando como una hoja.

Al día siguiente, Verónica me cuida, me da chocolate caliente. Javier trabaja. Hablo con ella, le cuento mi mierda de vida. Noche tras noche, vuelvo. Me relajo con ellos. Cuatro años después, fin de semana largo. Mis padres se van, me quedo con ellos. Primera vez durmiendo allí. Mañana, entro en su cuarto con el café. Verónica medio en pelotas, teta fuera. Javier le lame el café derramado del pecho. ‘Saborea directamente’, dice ella riendo. Yo roja, pero curiosa, el coño me palpita.

La chispa que enciende el fuego

Al día siguiente, Verónica me mete en su cama desnuda. ‘Siéntete como en casa’. Javier entra, café en mano. Se derrama en mi piel. Él lame, lengua caliente en mis tetas, vientre… baja al pubis. ‘Mmm, qué rica’, murmura. Verónica me pellizca los pezones. Gimo, piernas temblando. El calor sube, mi clítoris hinchado. Toque su polla dura, venosa, latiendo en mi mano. ‘Frota contra tu coño’, susurra ella. La cabeza roza mi raja mojada. ¡Dios, la tensión! Quiero parar, pero el deseo me quema. Razón perdida, solo lujuria.

Verónica guía la polla de Javier a mi entrada. ‘Relájate, chiquilla’. Empuja despacio, el glande abre mi coño virgen. Duele un poco, pero excita. ‘¡Joder, qué estrecha!’, gruñe él. Entra todo, pubis contra pubis. Empieza a bombear, lento al principio. Yo arqueo la espalda, ‘¡Más fuerte!’. Acelera, polla gruesa me revienta, chof-chof de jugos. Verónica me chupa las tetas, dedos en mi clítoris. ‘¡Fóllala, amor, hazla gritar!’. Grito, orgasmo brutal, coño contrayéndose alrededor de su verga.

Explosión de placer sin frenos

No para. Me pone a cuatro patas, escupe en mi culo. ‘Ahora por detrás’. Presiona el ano, entra centímetro a centímetro. ‘¡Ahh, despacio!’, suplico, pero el dolor vira placer. Me taladra el ojete, bolas golpeando mi clítoris. Verónica debajo, lamiendo mi coño. ‘¡Qué puta guarra eres!’, dice Javier, azotándome el culo. Siento su polla hincharse, ‘¡Me corro!’. Chorros calientes inundan mi recto. Yo exploto otra vez, temblando, sudorosa, olor a sexo everywhere.

Caemos exhaustos. Javier sale, semen goteando de mi culo. Verónica me besa, ‘Bienvenida al club, preciosa’. Risas cansadas, abrazos pegajosos. Cuerpos calientes, pieles sudadas. Duermo la siesta más dulce, recordando cada embestida, el sabor de su piel salada, el pulso de esa polla en mis entrañas. Ahora follo sin miedo, Xavier babea por mí. Gracias a ellos, soy una leona en la cama. Quemadura eterna.

Leave a Comment