Confesión Ardiente en la Cabina: Mi Deseo Lésbico con Virginia

Una semana después, un sábado por la tarde, vi entrar a Virginia al magasin de lencería. Sola esta vez, sin su madre. Tenía algo de dinero de su cumple y quería otro conjunto. El sitio estaba lleno de clientas, así que le dije: ‘O te buscas sola o… ¿quieres un servicio personal? Vuelve a las 18:55, cerramos a las 19’. Ella sonrió, eligió esperar. Me hizo gracia por dentro.

A la hora, la vi paseando nerviosa en la galería. Apagué luces del escaparate, ella se coló dentro. Giré la llave, el persian metálico bajó con ese ruido grave. Ratas en la trampa, pensé. Pero ella, decidida, agarró un kimono satinado color melocotón y otro rojo vivo, directo a las cabinas.

La Chispa que Enciende Todo

La seguí. No estaba en la cabina de siempre. ‘Me puse en la de minusválidos, más espacio’, dijo. Ya estaba desnuda, kimono a medio muslo, ceñido. Sus pezoncitos se marcaban duros bajo la tela fina. ‘Te queda genial’, le dije, voz ronca. Se giró, me tendió el rojo. ‘Este para ti’. Empezó a desabotonarme la blusa. ‘Eh… ¿qué haces?’, balbuceé. ‘La última vez tú me desnudaste. Ahora yo. Déjate…’

Sus dedos fríos en mi piel caliente. Blusa al suelo, sujetador de encaje asomando. Colgó el kimono. ‘No lo necesitamos’. Me miró las tetas, más grandes que las suyas, pesadas. Se pegó, labios en mi cuello, aliento húmedo. Manos en mi espalda, desenganche. Nuestros ojos clavados, bocas a centímetros. Liberó mis tetas, se inclinaron suaves. Me besó, lengua juguetona. Agarró mis pechos. ‘Quiero esto desde la última vez. No soy lesbi, pero… tus dedos en mi coño me volvieron loca. Obsesión total. Chupé su polla, sí, pero tú… me hiciste correr como una puta. Pínchame los pezones, tira…’

Sus dedos en mis tetillas, pinchazo dulce. Tiró, seguí el tirón. ‘Quiero excitarte yo, llevarte al límite por las tetas. Me quema el chocho. Desátame el kimono, mírame como antes. Quiero provocarte’. Obedecí. Sus tetas libres, ella se tocó el coño delante mío, piernas abiertas. Dedos en la raja húmeda, jadeos cortos. ‘Quítate la falda, porfi’. Me la bajé, quedé en tanga y medias. Cuerpo expuesto, piel ardiendo.

La besé fuerte, su mano en mi cuello. La otra en su clítoris hinchado, frotando furiosa. Se apartó, metió dedos chupados en mi boca. Salado, como corrida fresca. Se arrodilló, tiró mi tanga. Taburete al centro, rodeado de espejos abiertos. Mil reflejos de nosotras, tetas, coños a la vista. Me levantó la pierna derecha sobre él. Su cara entre mis muslos, aliento caliente en mi raja.

Explosión de Placer Sin Filtros

Me vi en los espejos: tetas orgullosas, pierna en alto, tacones, muslos tensos. Ella abajo, masturbándose lento, lengua acercándose. Olor a coño mojado subiendo, mío y suyo mezclado. Lamida primera, suave. Luego fuerte, lengua hurgando labios, clítoris palpitante. Chupaba cyprina, sorbos ruidosos. Mano en mi culo, dedos apretando carne.

Culé cambrado, piernas más abiertas. Orgasmo subiendo lento, del fondo. Agarré su cabeza, follándole la boca con mi coño. Espejos mostrando todo: mi chocho chorreando, su lengua clavada. Ella sentada en su mano, frotando brutal, culazos secos. Japió con mi coño en la boca, mordiendo labios, lengua apuñalando.

Exploté. Gritos roncos, manos en tetas apretando, chorro leve saliendo. No suelo eyacular, pero ahí sí. Ella corrió igual, grititos ahogados.

Nos besamos, lenguas pringosas. ‘Llévame a tu casa, quiero follarte más’. ‘¿Ya me tuteas?’, reí, cogiendo ropa. Fatiga buena, coños palpitando aún, olor a sexo pegado a la piel. Recuerdo esa noche quemándome siempre.

Leave a Comment