Dios, no sé por dónde empezar… Soy Petra, una española abierta al sexo como pocas. Vivía sola en ese pueblo perdido, Tannhäuser, viuda joven, con el cuerpo ardiendo de ganas. Llegó él, un tipo misterioso, con ojos que me traspasaban. Me invitó a su choza, dijo que me lavaría. El agua caliente… uf, nunca había sentido eso. Me desnudé, temblando. Mi piel sucia se reveló, pechos firmes, coño con pocos pelos negros. Él me miró, su polla ya dura bajo los pantalones. ‘Quédate quieta’, murmuró. Me tocó el cuello, bajando lento. Mi aliento se aceleró, el calor entre mis piernas era insoportable. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones… ‘Oh… no pares’, gemí. Me metió un dedo en el coño, resbaladizo de jugos. Jadeé, arqueándome. La tensión crecía, mi razón se rompía. Quería su verga ya, follar como una puta. Él sonrió, ‘Vas a gritar por mí’. No aguanté más, lo besé salvaje, mordiendo su labio. El deseo nos consumía.
Me sacó del agua, pieles calientes chocando. Me tumbó en la mesa, piernas abiertas. Su polla gruesa, venosa, apuntando a mi coño chorreante. ‘Fóllame fuerte’, supliqué. Empujó de un golpe, rompiendo mi himen virgen –sí, mi marido nunca me penetró bien–. Grité de dolor y placer, su verga me llenaba, estirándome al límite. ‘Joder, qué apretada estás’, gruñó, embistiéndome brutal. Mis tetas rebotaban, clítoris frotándose en cada polvazo. Sudor, olor a sexo crudo, su aliento en mi cuello. ‘Más… rómpeme el coño’, chillé. Cambió, me volteó, polla salida chorreando mis jugos. Lubricó mi culo con ellos, ‘Ahora por aquí’. Presionó, entró lento… ‘¡Ahhh! Duele… pero sigue’. Me folló el ano como un animal, profundo, mis paredes apretando su tronco. Grité, orgasmo tras orgasmo, coño vacío pero palpitando. Él aceleró, bolas golpeando mi piel. ‘Me vengo… toma mi leche’, rugió, llenándome el culo de semen caliente. Colapsé, temblando, follada hasta el alma.
La chispa que me encendió
Uf… agotada, feliz, tumbada en sus brazos. El cuerpo dolorido, coño y culo palpitantes, semen goteando. Olía a nosotros, sudor y corrida. ‘Ha sido… increíble’, susurré, besándolo. Recordaba cada embestida, su polla partiéndome, mis gritos ecoando. Me sentía viva, puta satisfecha. Él me acarició, ‘Eres fuego’. Dormimos así, pegados, el recuerdo quemándome por dentro. Aún hoy, me mojo pensando en esa noche en Tannhäuser, donde el deseo me controló total.