Todas mis historias son reales, solo las he adornado un poquito para que os excitéis más. No sé por qué las vivo ni por qué las cuento… pero al escribirlas, revivo ese calor en el coño, ese jadeo ahogado.
Me besa en la frente y sale del coche. ‘Ma-Pi, te quiero’, dice cerrando la puerta. Camina rápido hacia la estación de Guillemins. Su tren lo lleva al aeropuerto de Zaventem, de vuelta a Costa de Marfil. Está de paso en Bélgica, recogiendo su diploma por fin.
La chispa que encendió el fuego
Me miro en el retrovisor. Aún quedan rastros de su leche alrededor de la boca, restos de la mamada que le acabo de hacer. Los lamo con la lengua… joder, el semen de los negros sabe exótico, salado y dulce a la vez. Arranco el Opel Zafira familiar con nervios. Djidji me ha puesto cachonda perdida masturbándome mientras le chupaba. Mi tanga está empapada, siento el coño chorreando.
Miro el reloj. Mi marido llega pronto a casa. Dejo a las niñas con mi madre para la merienda y me dejo follar por él. No entenderá este calentón repentino, ni se lo explicaré… Tengo el chocho en llamas, hay que apagarlo.
Dos años antes… ‘¿Te vas pronto?’, le pregunto. ‘Sí, Ma-Pi, acabé el postdoc, vuelvo a casa’. Lo miro fijo. No es guapísimo, pero tiene esa raza felina, ivoiriano, del labo al lado del mío en Sart-Tilman. Camina como un gato, sensual, con una sonrisa que me moja.
Si mi marido fuera así… pero es tieso como la justicia, frío como hielo. Hasta en la cama está distante. ¿Por qué me casé con él?
‘Ma-Pi…’, murmura. Sonrío. ‘Tengo regalos para el equipo, pero tú eres especial. Mañana te invito a cenar, hablé con Mickael para tu medio día libre. ¿Vienes?’. ¡Claro que sí! Llevo eones sin cenas íntimas, la rutina me aburre.
En el bistrot, él impecable de blanco, músculos flexibles asomando. Yo, fatal con vaqueros que marcan mis muslos gordos y un top que se escapa. Su voz suave me envuelve, el vino me marea un poco. ¿He oído bien? Quiere follarme. Dos años sin tías, pensando en mí cada noche.
‘¿Aquí, en la mesa?’, digo juguetona. ‘¿Por qué no? O mi estudio, enfrente’. Subimos. Estudio casi vacío, cajas listas. Sin cama. ¿Me follará en el suelo? Borrachita, me río.
Me quito el top, el sujetador. El jean es un coñazo, me agarro a una silla. Él ríe, me coge la cintura, besa suave, lengua danzando. Se aparta: ‘Quítate el tanga y te follo como nunca’. Palabras crudas, me excitan.
Despliega el sofá-cama. ‘Aquí te regalo mi polla, perra blanca’. Me tumbo, abro piernas. Él se desnuda. Su verga tiesa, enorme, capullo al aire. ‘Mírala, con esto te destrozaré. ¡Dime que quieres que te folle duro!’.
El clímax brutal y el después abrasador
Tiemblo. ‘Sí…’. ‘¡Dilo, puta!’. ‘Sí, métemela, fóllame el coño’. La tensión explota, la razón se va a la mierda.
Su dedo roza mi clítoris, lo masajea. El cuerpo arde. Me pincha el pezón, mete el dedo en mi coño húmedo, gira. Gimo. Se pone a mi cabeza, verga en mi cara. ‘¡Chúpala, zorra!’.
Todo el día así. Me pone a cuatro, de lado, encima. ‘¡Abre el coño, toma mi polla negra!’. Me llama puta, perra, me aprieta las tetas. Su piel caliente contra la mía, sudor salado, olor a sexo puro. Me folla sin parar, pero no corre. Abstinencia de dos años. Frustrada, no pruebo su leche.
Noche con mi marido, me entrego, pero falta algo. Al día siguiente, decido: vuelvo. Ducha rápida, blusa sin nada debajo, falda y tanga diminuto. ‘¿Bien dormida?’, me dice él al irse. Si supiera que solo pienso en ser esclava de Djidji, mamarle la polla, que me llene de semen…
En la pausa café, sus manos en mis caderas. ‘¡Hola!’, besa mi mejilla. Solos. Le agarro la polla: ‘¿Quieres follar a una puta blanca ahora?’. Bajo el zip, saco la verga, me la meto en la boca. Se hincha, ¡joder, enorme!
‘¡Sabía que eras una guarra! Te voy a reventar el coño’. Cierra la puerta de la despensa. Me desnuda, a rodillas: ‘¡Mama la polla de tu amo, chupapollas!’. Succiono como loca, saliva chorreando.
Me pone contra el fregadero: ‘¡Agáchate, puta! Te follo el chocho’. Me embiste, polla gruesa abriéndome, bolas golpeando. Me da la vuelta, me sube, me baja. ‘¡Toma, zorra, trágate mi verga!’. Jadeos cortos, piel sudada, mi coño chupando su polla. ‘¡Me corro!’. Explota dentro, litros de leche caliente inundándome. Dos años acumulados.
Se sale. Quiero más. Meto dos dedos, saco semen cremoso, me lo como. Él ríe: ‘Si hubiera sabido qué puta eres, te follaba antes’.
Lloro su marcha toda la noche. Mi marido descolocado. Ese recuerdo quema aún: su polla dura, mi coño lleno, el sabor de su semen. Fatiga feliz, pero con ganas de más.