Confesión ardiente: Mi coño en llamas y su lengua en el bosque

Ay, chicas, acabamos de follar como animales en ese claro del bosque. El sol se pone, el aire fresco me eriza la piel. Sofía tiembla en mis brazos, sudada, con el aliento entrecortado. ‘¿Me quieres?’, le pregunto, el corazón latiéndome fuerte. Ella ríe bajito, ‘Sí, amor, o lo que sea esto… amistad con fuego’. Nos vestimos a medias, yo con su short diminuto pegado a mi coño mojado, ella con mi blusa que apenas le tapa las tetas.

Bajamos el camino pedregoso, yo delante, meneando el culo adrede. Siento su mirada clavada en mis nalgas, duras por la palmada que me dio antes. Cada paso frota la costura del short contra mi raja, pero aguanto. Ella va detrás, cargando el bolso, resoplando. ‘Espera, María, duele’, dice parando. Se desabrocha el vaquero, la tela áspera le raspa el coño. ‘Mira esto, está lleno de polvo y pinchos, como lija’. Se lo baja, queda en bragas y sujetador, pero ni eso la salva.

La tensión que me quema entre las piernas

‘Quítatelo todo, anda’, le insisto, excitada ya. El viento le acaricia las piernas abiertas, su coño hinchado brilla de jugos viejos. Se resiste, ‘Y si viene alguien…’. Pero cede, yo me agacho y abro sus labios carnosos. Huele a sexo puro, sudor y miel. ‘Ay, no duele tanto ahora’, murmura, pero su clítoris asoma rosado, palpitante. La razón se va al carajo, el deseo me come. ‘Déjame curarte’, digo, y planto la lengua plana en su raja.

Es salado, áspero por la irritación, pero suave adentro. Lamía despacio, de abajo arriba, chupando sus labios hinchados. Su piel quema contra mi boca, el calor sube. ‘Oh, dios, tus dedos…’, gime, arqueando la espalda. Me los meto en la boca primero, los babeo, luego hundo índice y medio en su coño chorreante. Entra fácil, caliente como un horno. Ella cabalga mi mano, tetas bamboleando, pezones duros. ‘¡Más fuerte! Joder, me corro…’, grita bajito. Su coño me aprieta los dedos, un chorro tibio me moja la barbilla. Tiembla entera, rodillas flojas, yo la sostengo.

El clímax brutal y el after calmo

No para ahí. Se gira, me baja el short. ‘Ahora tú, cabrona’. Mi coño palpita, oliendo a nuestra follada anterior. Me dobla, agarra sus nalgas rojas y las abre. ‘Lame mi culo también’, suplica. Mi nariz en su ano, lengua en el coño, bebo su crema espesa. Huele a sudor, a sexo crudo. Le meto la lengua hondo, chupo el clítoris hinchado como un botón. ‘¡Fóllame con los dedos!’, pide. Dos dentro, luego tres, su coño se traga todo. Se corre gritando, culo contra mi cara, jugos resbalando por mis tetas. El bosque huele a nosotras, a coños en éxtasis.

Caemos exhaustas, abrazadas. Sudor frío en la piel, piernas temblando. ‘Joder, qué fuerte ha sido’, dice ella, besándome el cuello salado. Nos reímos, limpiamos la baba con las manos. Cogemos la ropa, aún medio desnudas, tetas al aire, coños al viento. Bajamos abrazadas, el atardecer nos pinta de oro. Oímos un coche cerca, nos escondemos tras un arbusto, corazón acelerado. Pasa de largo. ‘Cerca de tu coche ya’, digo, oliendo su pelo mezclado con mi olor. Cansancio dulce, coños sensibles recordando cada lamida. Quiero más, pero por hoy basta. Esta tía me ha volado la cabeza.

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