No son ni las ocho y ya estoy frente al bar, temblando de nervios y excitación. Mi ‘Discreto’ está de espaldas, con esa postura que me pone la piel de gallina. Miro mi reflejo en la cristalera: falda negra larga, abierta hasta medio muslo, mostrando mis medias negras. El corazón me late fuerte, bum-bum, pero entro. No hay vuelta atrás.
Se gira, me ve, y sus ojos se abren como platos. ‘Buenas noches, doctor, ¿me reconoce?’, digo con una sonrisa que me sale forzada. Él balbucea, ‘¡Eres… mi paciente del email!’. Nos reímos nerviosos. Pide dos cervezas con limón, charlamos de tonterías, pero el aire está cargado. Sus ojos bajan a mis piernas, yo siento su mirada quemándome.
La chispa que enciende el fuego
Saco el pañuelo rojo de mi bolso y lo dejo en la mesa. Él se ríe, ‘¡Agradablemente sorprendido!’. Nuestros ojos se clavan, el deseo palpita. Quiero besarlo ya. El camarero derrama una birra en su camisa. ‘Ven, te ayudo’, digo, y bajamos al baño del sótano. Ahí solos, el mouchoir cae al suelo. Su mano en mi barbilla, me besa suave… y luego con hambre.
Sus labios devoran los míos, lengua dentro, mordiendo. Me aprieta contra él, siento su polla dura contra mi vientre. ‘Te quiero ahora’, gime. La razón se va al carajo, la tensión explota.
Me gira contra el lavabo, desabrocha mi blusa. Sus manos en mis tetas, calientes, apretando pezones duros. Gimo bajito, su boca chupa uno, muerde suave, lame el otro. Bajo la mano a su paquete, masajeo esa verga tiesa. Él se arrodilla, sube mi falda, besa mis muslos por encima de las medias. Huele mi coño ya mojado a través del tanga negro.
Explosión de placer sin frenos
Tira del tanga, lame mi clítoris hinchado. ‘¡Joder, qué rico sabes!’, murmura. Su lengua entra en mi raja, chupa mi flujo, dedos en mi culo. Me corro fuerte, piernas temblando, gritando ahogado. ‘¡Sí, no pares!’, suplico, apretando su cabeza contra mi chocho empapado.
Ahora yo. Lo empujo contra la pared, le bajo los pantalones. Su polla salta, gorda, venosa, con gotas de pre-semen. La chupo despacio, saboreando ese gusto salado. ‘¡Hostia, qué boca!’, jadea. La meto entera, garganta profunda, bolas en la mano. La mamo como puta, rápida, babosa. Encuentra la ducha, lo ato los ojos con el pañuelo, lo desnudo.
Bajo el agua caliente, lo chupo de rodillas, mano en la polla, lengua en el capullo. Él gime fuerte, ‘¡Me vas a hacer correr!’. Se corre en mi boca, chorros calientes de leche espesa, la trago toda, deliciosa. Luego sus dedos en mi coño, me hace correrme otra vez, olas brutales.
Agotados, nos besamos suaves, nos vestimos. ‘Eres increíble’, dice. Subimos, nos despedimos con un beso que promete más. Una hora después, le escribo: ‘Luis, mi cuerpo te pide ya. Mañana hotel Tilleul, habitación 125, puerta abierta. Ven y fóllame sin piedad’. El recuerdo me quema aún, piel sudada, olor a sexo, polla en mi boca… Quiero más.