Ay, chicas, no sé por dónde empezar. Acababa de cerrar el Ninnata Musica, mi tienda de discos punk, cuando entró Éric. Ese moreno con barba de tres días, ojos marrones que me taladran. Lo reconocí al instante, mi agente secreto, mi amante oculto. ‘¿Muddy Waters?’, me preguntó, pero su mirada decía otra cosa. Sudor en su cuello, olor a cerveza y hombre. Nos miramos… uf, el corazón me latía fuerte.
Fuimos al bar de la esquina. Pints de rubia, risas sobre misiones pasadas. Su brazo alrededor de mis hombros, su mejilla contra la mía, áspera por la barba. Sentí su calor, su polla endureciéndose contra mi cadera. ‘Te he echado de menos’, murmuró, voz ronca. Yo… yo también. Pero Raïssa, mi compi espía, su excolocataire… ¿y si venía? La tensión crecía, insoportable. Sus manos en mis muslos bajo la mesa, yo mordiéndome el labio. ‘Vámonos a mi piso’, le dije, jadeando ya.
La chispa que enciende el fuego
En el sofá, blues de Muddy sonando: ‘Mannish boy’. Nuestros cuerpos se pegaron bailando. Sus labios en los míos, lengua invadiendo, manos en mi culo. Me empalmé como loco, mi polla dura contra su vientre. ‘Joder, qué ganas’, gemí. Él me tumbó, desabrochó mi pantalón, sacó mi verga palpitante. La miró, lamió la punta… pero sonó el timbre. Raïssa. ‘La he llamado yo’, susurró Éric, sonriendo pillo.
Ella entró, hippie salvaje, pelo negro ondulado, vestido suelto dejando ver curvas. ‘¿Interrumpo?’, rió, pero sus ojos brillaban. Nos vio, a Éric masturbándome lento, mi mano en su paquete. La razón… puff, se fue al carajo. ‘Muéstrame’, pidió Raïssa, voz sensual, sentándose cerca. El deseo nos consumía.
Éric se desnudó primero, polla gruesa, venosa, goteando precum. Yo la chupé, garganta profunda, su sabor salado, olor a macho. ‘Sí, así, cabrón’, gruñó, follándome la boca. Raïssa se tocaba el coño por encima del vestido, pezones duros. ‘Dejadme probar’, dijo, arrodillándose. Nos turnamos: yo mamando a Éric, ella lamiendo mis huevos, barba raspando mis muslos. Sudor, saliva, gemidos.
Explosión de placer sin límites
La puse a cuatro a Raïssa, levanté su falda: coño mojado, hinchado, clítoris erecto. Lamí su ano, dulce y prohibido. Éric me folló por detrás, su polla enorme abriéndome el culo. ‘¡Joder, qué apretado!’, jadeó, embistiéndome fuerte, huevos golpeando. Yo metí lengua en Raïssa, ella gritaba: ‘¡Más, métemela!’. Cambiamos: follé a Raïssa vaginal, polla resbalando en sus jugos, mientras Éric me sodomizaba. ‘¡Fóllame el culo, amor!’, le rogué, dolor-placer quemando.
Raïssa se corrió primero, chorros calientes en mi verga, cuerpo temblando. ‘¡Me vengo, coño!’, aulló. Éric aceleró, polla hinchada en mi recto, caliente. ‘Me corro dentro’, avisó, llenándome de leche espesa, chorros potentes. Yo exploté en Raïssa, semen goteando de su coño, mezclándose con sudor.
Caímos exhaustos, pieles pegajosas, olores a sexo impregnando el aire. Éric besó mi cuello, Raïssa acurrucada en mi pecho, pechos suaves contra mí. ‘Ha sido… increíble’, susurró ella, dedo trazando mi polla flácida. Risas cansadas, cervezas frías. Mi culo palpitaba, feliz, lleno de su esencia. Ese jodido jalón en mi vida de espía travesti… lo recordaré siempre, ardiendo.