Ay, chicas, no sabéis lo que pasó anoche. Soy Virginia, 62 años, abierta como el mar. Mi Pablo, 57, ex deportista, y yo somos libertinos de toda la vida. Hace un mes, en el bar La Barca, vimos a Bruno, un chaval de 30, guapo, tímido. Bailamos, charlamos en la terraza. Pablo le rozó la pierna, vi cómo se le ponía dura la polla en el pantalón. Le guiñé el ojo, crucé las piernas dejando ver mis medias negras y el tanga transparente. Se le caía la baba.
Le mandé un wasap: ‘Bruno, ¿vienes esta noche? Pablo y yo te esperamos’. Llegó nervioso a la plaza, en traje. Lo recogió Pablo en la Porsche. Yo los esperaba en la casa de campo, con un vestido ligero que deja ver todo. ‘¡Estás para follar!’, le dije besándolo. Lo subimos arriba, Pablo le prestó ropa. Bruno se desnuda delante de nosotros, torse lampiño, polla medio tiesa en el bóxer. Pablo lo mira, le toca las huevos. ‘¿Puedo?’, pregunta suave. Bruno asiente, sudando.
La chispa y la tensión que me quema
La mano de Pablo sube por su verga, roza el capullo. Bruno cierra los ojos, respira fuerte. Huele a hombre excitado, a sudor fresco. De repente, ¡pum! Se corre en el bóxer, chorros calientes mojándolo todo. ‘Mierda…’, murmura rojo de vergüenza. Yo subo, lo abrazo por detrás. ‘Tranquilo, guapo, eso significa que te ponemos cachondo de verdad’. Siento la polla de Pablo dura contra mi culo. La tensión es insoportable, el aire huele a sexo, a deseo puro. La razón se va al carajo.
Pablo le baja el slip. ‘Qué polla más bonita, larga y gruesa’. Se saca la suya, gorda como un brazo, capullo morado. Bruno la toca, tiembla. Se besan, lenguas revueltas. Yo entro: ‘¡Vaya, mis chicos ya están a tope!’. Me desnudo, tetas pequeñas pero firmes. Los pongo a los dos de rodillas ante la polla de Pablo. ‘Mira cómo se hace’, le digo chupándosela entera, babas goteando. Bruno se une, la mete hasta la garganta. ‘¡Joder, qué bien chupas!’, gime Pablo. Le agarra la cabeza, folla su boca. Se corre en la cara de Bruno, leche espesa en mejillas, pelo.
El sexo salvaje sin frenos
Yo me siento en el sillón, piernas abiertas, coño rasurado chorreando. Me meto dedos, clítoris hinchado. Bruno gatea, me lame el chocho, aspira el clítoris como una polla pequeña. ‘¡Lámeme el culo también!’, suplico alzando las nalgas. Su lengua en mi ojete, caliente, húmeda. Pablo echa lubricante en el culo de Bruno, dedos dentro, abriéndolo. ‘Te voy a follar el culo, despacito’. Empuja, el capullo entra, Bruno gime en mi coño. Pablo lo monta, va y viene, cachetes chocando. ‘¡Me encanta que me folles el culo!’, grita Bruno al fin. Pablo acelera, brutal, le llena la espalda de porra.
Después, jugamos conmigo. Lo ato los ojos, masaje con aceite, manos por todo el cuerpo. Pablo mete un dildo enorme en mi coño, yo grito. Bruno un plug en mi culo. Me corro como loca, piernas temblando, chorros saliendo. En la ducha, Pablo chupa la polla de Bruno hasta el fondo, yo le lamo el culo. Él explota en la boca de Pablo, leche tragada.
Ahora, cena lista, agotados pero felices. Mi coño palpita aún, el culo de Bruno marcado. Qué noche, chicas. Soy bi, él lo descubrió. Quiero más. Fatiga dulce, recuerdos que queman. ¿Quién se anima?