Confesión ardiente: cómo el deseo me consumió con un desconocido de internet

Ay, chicas, no sé por dónde empezar… Todo empezó una noche cualquiera, checkeando emails en mi ordenador. Buscaba relatos eróticos para mi web nueva, y di con uno brutal de un tal Patrik. Le escribí: ‘Oye, ¿me vendes tus historias? Me flipan’. Respondió rápido, generoso, diciendo que sí, que se sirviera. Empezamos a charlar, eh… de todo. Él, ludico total, me propuso escribir una solo para mí, con una heroína llamada Carolina. Brunita, pequeñita, con curvas… como yo.

Los días volaron. Emails calientes, chats eternos en Trillian con su nick. Me mandó su voz por teléfono, ronca, que me puso la piel de gallina. ‘Ven a cenar’, le dije al fin, cuando supe que estaría cerca, en viaje de trabajo por aquí al sur de Madrid. Jeudi soir, nervios a flor de piel. Llegó con flores, yo en vestidito blanco ligero, oliendo a vainilla. Su mirada… uf, devorándome las tetas, el culo. Cenamos mexicano, picante como el deseo. Tequila, risas, manos rozándose. ‘Eres preciosa’, murmuró, y yo sentí mi coño humedecerse.

La chispa que encendió el fuego

Salimos, noche tibia. Paseando, no aguanté: lo atraje, labios contra labios. Ay, su lengua… dura, posesiva. Se frotó contra mí, su polla tiesa contra mi vientre. ‘Vámonos a casa’, jadeé. La razón… se fue al carajo. Solo quería su verga dentro.

En mi piso, puerta cerrada, nos arrancamos la ropa. Sudor, piel caliente pegándose. Lo tiré en la cama, monté encima. Su polla gorda, venosa, palpitando. La chupé, saliva chorreando, bolas en mi boca. ‘Joder, Carolina…’, gemía él, manos en mi pelo. La metí en mi coño empapado, cabalgando salvaje. Tetazas rebotando, pezones duros rozando su pecho. Clavó dedos en mi culo carnoso, abriéndome. ‘Quiero tu ano’, gruñó. Lubricado con mi jugo, empujó. Dolor-placer, estirándome. ‘¡Sí, fóllame el culo!’, grité. Entró hasta el fondo, embistiendo brutal, huevos golpeando mi clítoris.

La entrega total al placer crudo

Me volteó, a cuatro patas. Polla en mi culo, mano en mi coño masturbándome. Olía a sexo, sudor, corrida pre. ‘Me voy a correr’, jadeó. ‘¡Dentro, lléname!’, supliqué. Explosión, semen caliente inundándome las entrañas. Me corrí temblando, chorros en sus dedos. No paró: boca en mi ano dilatado, lamiendo su propia leche. Luego, yo de rodillas, mamando su verga sucia. ‘Orina en mi boca’, pedí, sumisa. Jet caliente, salado, tragué, chin chin goteando por tetas. Él me folló garganta, hasta llorar placer.

Horas después, exhaustos, cuerpos pegajosos de fluidos. Yacía en sus brazos, culo palpitando, coño hinchado, sabor a pis y semen en lengua. ‘Ha sido… increíble’, murmuró, besando mi nuca sudorosa. Sonreí, piernas temblando. Fatiga dulce, músculos doloridos, recuerdos quemando: su polla rompiéndome, gemidos roncos, olores intensos. Mañana duele caminar, pero… quiero más. Este deseo salvaje me cambió. ¿Volveremos? Eh… ya veremos, pero esa noche, el control se rindió al puro instinto animal.

Leave a Comment