Confesión caliente: mi San Valentín de sexo salvaje y deseo descontrolado

Hace casi cuatro meses que estoy con Alex. Los dos curramos en el hospital, turnos locos, horarios que no cuadran. La relación va bien, pero… no despega del todo. Salimos a restaurantes, cine, pero en la cama, calma chicha. Hemos follado varias veces, sí, pero yo soy pasiva, no tomo iniciativa. Apago la luz siempre, me da corte que me vea desnuda. Una vez le pajereé un poco en los preliminares, pero nada más. Él me lame el coño, me mete la polla en misionero… y punto. Le propuso que me corriera encima, pero dije que no, prefiero así por ahora.

Era San Valentín, pero yo tenía guardia. Lo pospusimos al finde, los dos libres. Quedamos a las ocho en un restaurante top de Toulouse. Llegué… uf, me había puesto divina. Pelo suelto, largo hasta las caderas, ondulado, ojos con sombra clara, labios glossy. Falda negra corta, tacones, blusa blanca bajo chaqueta negra, medias o ligueros negros en las piernas. Nos dimos un beso casto y entraron. Nos llevaron a una sala subterránea, paredes de ladrillo rosa típico, luz tenue, romántico a tope. Mesa apartada, íntima.

La chispa inicial y la tensión que me volvió loca

Pedimos champán, brindamos por nuestro primer San Valentín. La cena… perfecta. Alex me miraba con hambre. Yo, excitada como nunca. Ojos brillantes, le hacía el pie por debajo de la mesa. Entre plato y plato, le cogía la mano, charlábamos de todo. Sentía que algo cambiaba. Le propuse irnos a la montaña un día. Estaba… transformada. Al acabar, salimos a pasear por la Garonne. Noche fresca, pero caminamos una hora. Le cogía la mano, el brazo. Al final, le pasé el brazo por los hombros para acurrucarme. Nunca había sido tan cariñosa.

Llegamos a mi piso. Suerte: ascensor averiado. Subimos tres pisos a pie. Subí primera, él detrás, mirando mis culazo meneándose bajo la falda. ¿Medias o ligueros? No se veía. En la puerta, busco las llaves… él me abraza por detrás, besa mi cuello. Me hace cosquillas, río bajito. Sus manos en mis caderas suben, me aprieta las tetas. La derecha la masajea, la izquierda baja por muslo, bajo falda… Uf, en el pasillo, con riesgo de que salga un vecino. Me dejo, jadeo suave. Al final, me suelto para abrir.

Apenas entramos, lo giro, beso salvaje. Lenguas enredadas, me pego a su paquete duro. Vamos tropezando al sofá. Me monto a horcajadas sobre sus caderas. Su polla tiesa contra mi coño, a través de la ropa. Gimo, ondulo. Él desabrocha mi blusa: sujetador encaje burdeos, tetas fuera, pezones duros como piedras. Me las chupa, muerde. Manos en muslos, sube falda… ¡Ligueros! Se le ilumina la cara. ‘Sí, ligueros para ti’, digo ondulando más fuerte. Huele a mi excitación, cyprine mojando el tanga.

El polvo brutal y los orgasmos que nos destrozaron

No aguanto. Lo tumbo, me pongo encima. Él se gira, ahora encima de mí. Besos tiernos, pellizca pezón. Boca en tetas, succiona. Gimo alto. Se baja pantalón, saca polla, se pajerea. Yo le agarro culo, tiro de camisa. Se desnuda. ‘Déjate la falda’, dice. Chupa tetas, baja a vientre, ombligo… me río, gimo. A rodillas en suelo, piernas en hombros. Besos entre tanga y ligueros, piel suave, olor a coño húmedo. Levanto falda, beso tanga. Él aparta tela: labios mayores hinchados, calvos, jugosos. Boca en coño, lame flujo, clítoris, mete lengua en chochito. Presiono cabeza, gimo ronco, caderas locas.

Dedos en coño, lengua en clítoris. ¡Orgasmos! Me arqueo, squirt en su boca. Tiemblo. Me acaricia, nos acurrucamos. ‘Mejor en la cama, ¿no?’, susurro. Vamos al dormitorio. Yo en falda, tacones, sujetador. ‘Para, quédate de pie’, digo. Agarro polla, pajero. Él me toca cara, tetas. Beso glande, primera vez. Lo miro, chupo, lengua en corona, méat. Gime. Frenó cuando casi explota.

Me pongo a cuatro patas entre sus piernas, pajero. Me monto: polla en barriga, aparto tanga, frotó coño en verga. Clítoris en méat, ondulo rápido. Gemimos. Casi, levanto, empalo. Coño apretado en polla. Subo-bajo, él agarra caderas, embiste fuerte. Tetas rebotan, gimo salvaje. Dedo en clítoris, masajeo tetas. ¡Otro orgasmo! Me corro, arqueo. Él embiste, se corre dentro, lechada caliente llenando coño.

Me quedo empalada, acaricio su pecho. Me retiro, caigo a su lado. Acurrucados, sudorosos, felices. Agotados, nos dormimos oliendo a sexo puro.

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