Confesión ardiente: Cómo un seminario me hizo perder el control con un desconocido

Todo empezó en ese seminario de tres días en un hotel precioso junto a un étang salado, frente al Mediterráneo. Representaba a mi agencia, pero mi matrimonio con Maxi llevaba siete años en la rutina. Necesitaba aire. Llegué el martes, cené con tres tíos: Jerónimo, el joven simpático de mi edad, Marcos el listo y Sergio, el que me miró como si ya me estuviera follando.

Al día siguiente, en el desayuno, Jerónimo me invitó a su mesa. ‘¿Dormiste bien?’, dijo sonriendo. Yo, Julia, les conté que estaba casada. Jerónimo se enfrió, pero Sergio… uf, su mirada me quemaba la piel. Me devoraba los pechos bajo la blusa, las piernas bajo la falda. Sentía su aliento caliente en mi nuca aunque estuviera a metros. ‘Pásame la sal’, pedí nerviosa, y él sonrió con dientes de lobo.

La chispa que encendió el fuego

Al mediodía, en el aperitivo junto al étang, Jerónimo me propuso un paseo. ‘En todo bien, todo honor’, dijo. Yo reí, pensando en mi amiga: ‘Esos seminarios son para follar, 90% tíos’. La tensión crecía. Sergio no paraba de mirarme, su mirada bajaba a mi culo, imaginándome sin bragas. Al café, con ellos cuatro, notaba sus ojos. Marc era educado, pero Sergio… me ponía cardíaca.

Esa tarde, paseo con Jerónimo. Hablamos de mi matrimonio jodido. Lo besé. Temblaba. Subió a mi habitación. Intenté un 69, pero era tímido, se corrió rápido diciendo ‘te quiero’. Ni me tocó el clítoris. Me dejó insatisfecha, con el condón tirado en el suelo. Llamé a Maxi a las seis, nada. El cabrón me engañaba.

Jueves mañana. Sergio en desayuno: ‘¿Te folló bien el niñato?’. Me atraganté con el café. ‘Vete a refrescar’, ordenó. Fui al baño, furiosa, pero cachonda. Me miró en el espejo, su mano en mi culo. ‘No te muevas’. Deslizó dedos por mi muslo, bajo la falda, en mi coño húmedo. ‘Sabía que te gustaba’. Me besó el cuello, rozó mi clítoris. ‘Hazte un moño sexy’. Sonó la campana. ‘Me la chuparás en el recreo’.

La explosión de placer sin frenos

En la conferencia, se sentó a mi lado. Su mano en mi pierna desnuda. Cogió mi mano, la puso en su polla dura. ‘¡Aquí no!’, susurré. Pero la volvió a poner. Era el conferenciante. Brillante, dominante. En el recreo, ‘¡Sube!’. Detrás del telón, ‘Chúpamela’. Me arrodillé, polla gorda en mi boca, saliva chorreando. Gime, ‘Traga todo’. Eyaculó caliente en mi garganta. Technicos cerca, oyeron. Me dejó ahí, rodillas temblando.

Almuerzo, Sergio presume: ‘Me la mamó en escena’. Jerónimo se va. Me lleva a su cuarto. ‘¡Apóyate en la pared, camela el culo!’. Relevó mi falda, apartó bragas. ‘¡Pídemelo!’. ‘Fóllame, por favor…’. Me clavó la polla de un golpe, dura, profunda. ‘¡Qué coño tan apretado!’. Me follaba brutal, pellizcando tetas, mordiendo cuello. Olor a sexo, sudor mezclado, mi coño chorreando. Grité, orgasmo brutal, él se corrió dentro, condón lleno.

‘Tu marido es un cornudo. Sin bragas esta noche, 21h’. Obedecí, excitada. Pero a las 21h, abre y dos colegas: ‘Te vamos a compartir’. Huí, temblando de rabia y vergüenza. Corrí por la playa, arena fría en pies.

Marc me vio. Tomamos infusión. Hablamos toda la noche de parejas rotas. ‘Ven a mi cuarto, solo a hablar’. Me duché, nuisette. Él con bandeja y rosa. Reímos. Dormimos juntos, inocente. Despertamos, su polla dura asomando. ‘¿Yo te pongo así?’. SMS de Maxi: ‘Me voy’. Nos besamos, tierno, profundo. Se hundió en mí despacio, ojos fijos. ‘Te quiero’. Orgasmo suave, eterno. Jets calientes llenándome. Agotados, abrazados, piel pegajosa, olor a placer puro. Dos años después, embarazada de él. Los seminarios… a veces salvan vidas.

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