Me llamo Sandra, 42 años, secretaria con curvas que vuelven loco a cualquiera. Soltera, sin niños, mudándome a un pisito en un pueblo tranquilo. El casero, Mateo, un tío de 40, alto, fornido, con ojos grises que te desnudan. Desde el primer día que visité el piso con Carlota, la agente inmobiliaria con un culo de infarto, noté su mirada. Me recorría las tetas, D o E, apretadas en mi vestido ceñido. Sonreí, tímida pero caliente por dentro.
Dos días después, mudanza. Lo llamé por la fibra, me invitó a champán. Vestida con top y short ajustado, vi cómo se le ponían los ojos en mi pecho voluminoso y el tanga marcándose. Hablamos, reímos, sus visitas por ‘arreglos’ se volvieron rutina. Siempre tetas y culo en primer plano, su voz ronca pidiendo herramientas. La tensión crecía, eh… como un imán.
La chispa que enciende el fuego
Un día, le pedí ayuda: ‘Mateo, ¿vienes? Tengo un problema’. No era el piso. Era el boda de mi prima. Familia pesada, preguntando si era lesbiana. ‘Necesito un novio falso. ¿Tú?’. Se quedó mudo, luego: ‘Eh… sí, por qué no’. Dos días en un hotel, habitación compartida. En el viaje, su mano en mi muslo desnudo bajo la falda fluida. Llegamos, me cambé: vestido largo, escotado, sin bragas porque se marcaban. ‘Quítatelas’, dijo él. Corazón latiendo fuerte, piel erizada.
En la cena, mano en mi espalda, bajando a mis nalgas desnudas. Firme, posesivas. Bajo la mesa, sus dedos suben mi fenda, roza mi coño ya húmedo. Calor subiendo, aliento corto. ‘No pares…’, susurré. Mi mano en su polla dura, gruesa, palpitante. Nos miramos, ojos en llamas. Bailamos lento, su verga contra mi vientre, mis tetas aplastadas. Olía a deseo, sudor mezclado.
No aguanté. Lo arrastré al bosquecillo oscuro. Contra el árbol, abre su pantalón. Polla enorme, venosa. La acaricio, beso el glande salado. La chupo despacio, lengua girando, manos apretando. Gime: ‘Joder, Sandra…’. Acelero, saliva chorreando. Él tiembla, eyacula en mi boca, chorros calientes bajando garganta. Río, limpiándome: ‘Tu turno después’.
Explosión de placer crudo
En la habitación, lo empujo al colchón. ‘Te debo una’. Abre mis piernas, besa muslos. Levanta vestido, mi coño depilado brilla mojado. Lengua en labios, chupando clítoris hinchado. ‘Ahhh… sí, así…’. Dedos dentro, dos, tres, follándome la boca del estómago. Grito, me corro arqueándome, jugos en su cara. Cansada pero hambrienta.
Se desnuda, polla tiesa lista. Baja tirantes, tetas libres, pezones duros. Me folla de un empujón, profundo. ‘¡Fóllame fuerte!’. Embestidas brutales, piel contra piel chapoteando. Coño apretándolo, ordeñándolo. ‘Me vengo…’, gruñe. Lo agarro del culo: ‘Dentro, lléname’. Eyacula caliente, profundo, provocándome otro orgasmo. Contracciones milking su leche.
Nos derrumbamos, sudorosos, oliendo a sexo puro. Alientos entrecortados, sonrisas bobas. ‘Ha sido… increíble’, murmura. Dormimos pegados, su mano en mi teta. Mañana, ducha rápida, vuelta a casa. Recuerdo su polla estirándome, el sabor en mi boca, calor en mi coño. Aún me mojo pensándolo. ¿Repetimos, casero?