Confesión ardiente: Mi follada salvaje en el parque acuático con Tristan

¡Dios, acabo de recordarlo todo mientras me preparaba para mi viaje! Las maletas cerradas, el corazón latiendo fuerte. Estaba en bragas desde las cinco de la mañana, excitada como una loca por estas vacaciones. Me miro al espejo, pelo revuelto, y decido ducharme rápido. El agua fría me cala los pies, me da ganas de mear. Aguanto, corro al baño, me libero… casi me resbalo, joder. Vuelvo, el agua ya quema, ajusto el grifo con los pies rojos. Gel de albaricoque, espuma por todo el cuerpo. Y de repente, el recuerdo de Emma me golpea. Mi mejor amiga, piel ebena, risas bajo la ducha. Aquella vez, borrachas, le dibujé pollas en la espuma de su coño depilado. Avanzó el culo, mis dedos rozaron su raja húmeda. Me puse roja, huí. ‘Perdón’, balbuceé. Qué idiota, debí follarla ahí mismo.

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Pero hoy no hay tiempo. Me toco rápido, imagino su lengua en mi clítoris, la botella de after-shampoo como un buen consolador. Un orgasmo chiquito me relaja. Me seco, crema en mi piel lechosa llena de lunares, pelo rojo largo intacto. Me visto: tanga negra, sujetador, jersey blanco apretado en mis tetas firmes, pantalón verde como mis ojos, zapas. El taxi viene ya. Bebo agua, nudo en el estómago. Este viaje será épico, como Sicilia con Tristan, mi primer amor grande.

La chispa que encendió el fuego

Aquella noche en el parque acuático, invierno, agua a 30 grados, oscuridad a las seis. Poca gente. Nos paramos tras una cascada. Una pareja se comía la boca, lenguas enredadas. Tristan quiso irse, pero yo, cachonda perdida, lo retengo. ‘Mira’, le digo, sonriendo. Me apoyo en la baranda, le pego el culo. Siento su polla endurecerse contra mi raja, a través del bikini. El agua nos llega al pecho, luces submarinas. La chica de al lado enreda piernas en su tío, sin braga ya. Yo hago lo mismo: me bajo el bikini, vacío el coño al aire. ‘Fóllame ya en perrito’, susurro. Le bajo el bañador, le pajeo la verga tiesa, gorda. La chica gime: ‘¡Hmm, sigue! Métemela por el culo también…’. Su novio le mete dedo en el ojete, ella tiembla.

El clímax brutal y sin frenos

No aguanto más. Guío la polla de Tristan a mi coño chorreante. Un empujón atrás y ¡zas!, entra hasta el fondo. Joder, qué llena me siento. Agua caliente lamiendo mis tetas, su vientre contra mi culo mojado. Empiezo a moverme, frotando clítoris con la mano. ‘Más profundo, cabrón’, gimo. Él me agarra caderas, embiste fuerte. Plaf, plaf, el agua salpica. La pareja nos mira, sonriendo, ella cabalga su polla ahora. Mi coño aprieta, su verga palpita, olor a sexo mezclado con cloro. ‘¡Me vengo!’, grito bajito. Olas de placer me parten, piernas temblando. Él sigue follando, gruñe: ‘Tu coño es una puta gloria’. Le aprieto con los músculos, ordeño su leche. Sale a chorros dentro, caliente, pegajosa.

Nos separamos jadeando, risas nerviosas. La pareja aplaude en silencio. Salimos del agua, yo con el coño goteando semen, feliz exhausta. En el coche, me lame el coño hinchado hasta que reviento otra vez. Aquel viaje a Sicilia fue brutal después. Ahora, en el taxi, sonrío. Ese recuerdo me quema aún la piel, el olor de su sudor, el sabor salado. Quiero más así, sin frenos. ¿Y tú, has follado en público?

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