Confesión: Rescatado en la prisión, follada salvaje antes de huir

Dios mío… aún tiemblo al recordarlo. Estaba encadenada en esa celda mugrienta del bloque F, número 66, en la prisión de Tal-Mania. Esas vigilantes hermafroditas me habían usado como puta. Me tenían colgando por las muñecas, desnuda, sudorosa. La última me follaba el coño con su verga gorda, gruñendo como cerda en celo. Olía a sexo rancio, a mi humedad mezclada con su semen pegajoso. Mi piel ardía, los pezones duros de rabia y asco. Pero en el fondo… un fuego. Pensaba en Johan, mi degenerado macho, su polla única que me volvía loca.

De repente, un rugido. Johan irrumpe, ojos en llamas. Clava el puñal en la espalda de la que me penetraba. Ella cae gorgoteando. Salta sobre la siguiente, la revienta el vientre. La tercera ni reacciona, muerta de un tajo en el pecho. Ay… mi corazón late como tambor. Él jadea, cubierto de sangre, polla semi-dura colgando entre sus piernas musculosas. Me mira, yo cuelgo ahí, piernas temblando, coño chorreando una mezcla asquerosa pero… excitada. ‘Alys, mi amor’, susurra ronco. Sus manos calientes me tocan las mejillas, apartan mi pelo rojo pegado por sudor.

La chispa que encendió el infierno

‘Johan… ¿eres real?’, balbuceo, voz rota. Él me desata rápido, dedos ásperos rozando mis tetas. Caigo de rodillas, exhausta, pero mi clítoris palpita. Nos abrazamos, su pecho duro contra mis pechos suaves, olor a hombre puro, sudor macho. Siento su verga endurecerse contra mi vientre. ‘Te deseo tanto… desde que me capturaron’, gimo. Él respira hondo, aliento caliente en mi cuello. ‘No puedo esperar, Alys. Eres mía’. La tensión es un nudo en mi tripa. Razón… ¿qué razón? Solo instinto animal.

Me tumba sobre los cuerpos calientes de esas zorras muertas. Su boca devora la mía, lengua invasora, sabor a venganza. Manos everywhere: aprieta mis tetas, pellizca pezones hasta doler placer. ‘Tu coño… mío’, gruñe. Baja, lame mi rajita hinchada, chupa el jugo mezclado. ‘¡Ay, sí! Limpia todo, amor’. Gimo bajo, mordiéndome labio. Mi mano busca su polla, gruesa, venosa, palpitante. La masturbo furiosa, pre-semen untando mi palma.

El polvo feroz y el clímax explosivo

Se pone encima, bestia. ‘Te voy a follar como nunca’. Empuja, su capullo parte mis labios. Entra de un golpe, ¡joder! Llenándome hasta el fondo. ‘¡Aaaah! Más duro’, grito. Él embiste salvaje, pelvis chocando, huevos golpeando mi culo. Sudor gotea de su frente a mis tetas. Huele a sexo puro, almizcle de coño y polla. Giro caderas, clavo uñas en su espalda. ‘¡Fóllame, cabrón! Hazme tuya’. Él acelera, gruñendo: ‘Tu coño aprieta… voy a correrme’. Cambio posición, yo arriba. Monto como loca, tetas botando, su verga desapareciendo en mi humedad. Froto clítoris contra su pubis, ondas de placer.

‘¡Me corro! ¡Síii!’, exploto, jugos salpicando. Él arquea, ‘¡Toma mi leche!’, chorros calientes inundando mi útero. Colapso sobre él, jadeos sincronizados, cuerpos pegajosos. Polla aún dentro, latiendo. Besos lentos, lenguas perezosas. ‘Eres mi todo’, murmura. Fatiga dulce nos invade, músculos flojos, sonrisas bobas. Pero… el peligro acecha. Nos vestimos rápido con harapos de las muertas, su semen goteando por mi muslo. Huimos cogidos de la mano, corazón latiendo al ritmo de ese polvo eterno. Aún siento su calor dentro… dios, qué adicción.

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