Confesión ardiente: Me convirtió en su perrita sumisa y me folló sin piedad

Estaba mirando esa anuncio mía tan puta que le mandé a mi amiga por error. Mujer dulce, ama cabalgar sementales grandes, sabe abrir las piernas y chupar con la lengua… Busco explorador de cuevas húmedas. Pervertidos abstenerse, ja. Me reía sola, pero Alexis entró en el salón con un libro de perros. ‘¿Recuerdas cuando querías un can? Tengo esto guardado’, dijo, y fue al trastero. Volvió con la caja: collar, cadena, todo. Mi corazón latió fuerte. ¿Qué coño planeaba?

Me miró con ojos juguetones, pero con ese brillo sádico que me pone cachonda. ‘Ven a la habitación, cariño’. Entré y me besó como un lobo, devorándome la boca. Sus manos bajaron mi ropa, me dejó desnuda en segundos. Mi coño ya palpitaba, depilado al ras, sintiendo cada roce de su piel caliente. Me estiré en la cama como una gata en celo. Él sonrió: ‘Siéntate en el suelo, a cuatro patas’. Me puse el collar, frío contra mi cuello. Extraño, humillante… excitante. ‘Levanta la barbilla’. Obedecí. Enganchó la cadena de acero inoxidable, reluciente entre mis tetas.

La chispa que encendió la locura

‘Ponte las medias y botas’. Deslicé las negras por mis piernas, la seda erizando mi piel. Las botas de tacón alto me hicieron sentir puta total. ‘A cuatro patas, perrita’. Me tiré al suelo, rodillas en la alfombra. Él tiró de la cadena y salimos al salón. El suelo frío me heló las palmas y rodillas. Caminaba despacio, yo detrás como una chienne fiel. Me daba nalgadas si iba lento. ‘¡Más rápido, puta!’. Me gustaba… dolía rico, mi culo ardiendo. Jugaba con la cadena entre mis muslos, rozando mi coño mojado. Frío metal en labios hinchados, me hacía temblar. Me inspeccionaba: tetas colgando, culo en pompa. ‘Buena chica’. Mi razón se iba, el deseo me ahogaba. Quería que me usara, que me rompiera.

La tensión era insoportable. Sudaba, jadeaba. ‘Por favor, Alex… fóllame’. Él rió: ‘Pide como perrita’. ‘¡Guau, guau! Fóllame, amo’. Me azotó fuerte, cinco palmadas que me dejaron el culo rojo fuego. Lágrimas de placer. Me abrió las piernas, sus dedos en mi clítoris, frotando duro. ‘Estás chorreando, zorra’. Entró dos dedos, luego tres, me follaba la mano. Grité, el primer orgasmo me sacudió. Pero no paró. Se bajó los pantalones, su polla dura como hierro, venosa, goteando pre-semen. La restregó en mi cara: ‘Chúpala’. La tragué entera, garganta profunda, babeando. Tosí, pero seguí, lengua en sus huevos pesados.

El clímax salvaje y la dulce resaca

Me puso a cuatro patas en el frío carrelaje. ‘Abre el coño’. Agarró mis caderas, escupió en mi raja y clavó su verga de un golpe. ‘¡Joder, qué prieta!’. Embestía brutal, pelotas golpeando mi clítoris. Cada embestida me perforaba, su vientre caliente contra mi culo marcado. ‘¡Eres mi perrita, di!’. ‘¡Sí, amo, fóllame más duro!’. Sudor nos unía, olor a sexo puro, polla y coño. Tiraba la cadena, asfixiándome leve, sumisión total. Cambió: me tumbó boca abajo, piernas abiertas, me sodomizó lento al principio. ‘¡Tu culo es mío!’. Dolor-placer, me abrí como puta. Aceleró, follándome el ojete hasta correrme gritando. Él rugió, llenándome de leche caliente, chorros profundos.

Se salió, semen chorreando de mis agujeros. Me dejó allí, temblando, exhausta. Me quitó el collar, me abrazó. ‘Eres increíble, mi amor’. Nos tumbamos, cuerpos pegajosos, respiraciones calmándose. Mi culo ardía, coño y culo palpitaban felices. Fatiga dulce, como después de maratón. Recordaba cada nalgada, cada embestida… Me acurruqué en su pecho. ‘Quiero más, Alex’. Él besó mi frente: ‘Mañana, perrita’. Sonreí, adormilada. Esa noche cambió todo. Soy suya, su chienne sumisa para siempre. El deseo me controla, y lo amo.

Leave a Comment