Ay, chicas… Soy María, una española bien puta en Londres, viviendo en Camden. Todo empezó hace unas semanas. Fui al consultorio del doctor Jimmy Chew, un dermatólogo pijo de Baker Street. Mi culo… uf, se me estaba poniendo áspero, y mi amante, un lord rico, me regañaba. ‘Muéstraselo al mejor’, me dijo.
Entré, me miró con ojos golosos. ‘Desnúdate, Alice… digo, María’, voz aguda, sonrisa perfecta. Me quité todo, me tumbé boca abajo en la camilla. Sus dedos fríos en mi piel… calor subiendo. ‘Hmm, aquí… y aquí’, rozando mi raja. Metió un dedo… ¡joder! Mi coño chorreaba ya. ‘¡Doctor, me pones cachonda!’, gemí. Se rio bajito. Dos dedos más, clac-clac en mi humedad. Me giré, tetas al aire. ‘Fóllame, Jimmy, no aguanto’.
La chispa que encendió el fuego
Bajó los pantalones… ¡madre mía! Una polla mínima, como un dedo gordo. Me reí, no pude evitarlo. ‘¡Qué cosita tan chiquita!’. Se puso rojo, se subió todo. ‘Cállate o le cuento a tu lord’. Salí temblando, excitada y cabreada. Esa noche, en mi loft de Albany Street, la puerta entreabierta. Pensé en James, mi novio, pero… un olor fuerte, animal. Entró él. No era humano. Peludo, músculos hinchados, ojos rojos. Polla colgando como un brazo, venosa, palpitante. Miedo… pero mi coño latió. ‘Tú… la puta que se burló’, gruñó, voz ronca. Su aliento caliente en mi cuello, piel ardiendo contra la mía.
No pude resistir. ‘Sí… fóllame con eso, bestia’. La razón se fue a la mierda. Lo empujé al suelo, jadeando.
La follada brutal sin frenos
Me tiró en la cama, rasgó mi camisón. Sus pezones peludos contra mis tetas, duros como alambres. ‘¡Abre las piernas, zorra!’, rugió. Olía a sexo crudo, sudor salvaje. Agarró mis muslos, polla enorme en mi entrada. ‘¡Espera… es demasiado!’, chillé. Pero empujó. ¡Dios! Rasgaba mi coño, abrasivo, delicioso dolor. ‘¡Ahhh! ¡Me partes!’, grité, uñas en su espalda velluda. Entró todo, hasta los huevos peludos chocando mi culo. Bombeaba como un animal, clac-clac-clac, mi jugo salpicando.
‘¡Más fuerte, cabrón! ¡Destrózame el coño!’, supliqué, piernas enredadas. Mordió mis tetones, dientes afilados rozando pezones. Dolor-placer, leche chorreando. Me volteó a cuatro, polla saliendo, brillando de mi crema. ‘Mira cómo te follo el culo ahora’. Empujó en mi ano… ¡uf! Estirado al límite, quemaba. Jadeos cortos, ‘¡Sí… sí… joder!’. Su mano en mi clítoris, frotando rudo. Orgasmo brutal, grité como loca, coño contrayéndose. Él rugió, ‘¡Toma mi lechada, puta!’. Chorros calientes, ácidos, llenándome hasta rebosar. Sacó, semen goteando, lamió mi clítoris hinchado, mordisqueando suave.
Caímos exhaustos. Sudor pegajoso, cuerpos temblando. Su vello suave ahora, abrazándome. ‘Fue… increíble’, susurré, besando su pecho. Se desvaneció al amanecer, solo olor y mi coño dolorido recordando. Cada noche sueño con esa polla monstruosa. Quiero más. ¿Quién era? No importa. Mi secreto caliente en Camden.