Confesión: Mi noche de pasión descontrolada en la carretera oscura

Llegué con tres cuartos de hora de antelación. El corazón me latía fuerte, joder. ¿Qué coño hacía allí, en ese borde de carretera desierto, con el frío de febrero calándome los huesos? Debería irme, pensaba. Y si me ve alguien conocido… un profe, un vecino… Me maquillé como para una boda, pero aquí todo era oscuro, morboso. Frío en la piel, pero abajo, en el vientre, un peso caliente, húmedo. Me quedé. Me da igual. Caminé un poco, vi un gato con ojos brillantes. Lo acaricié, ronroneaba contra mis rodillas. Miré el reloj. Pronto llegaría él.

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Lo conocí en la fiesta de Elodie. Alto, delgado, con esa seguridad que me moja al instante. Hablamos en el jardín, sus manos en mi brazo, mi pulgar rozando el suyo. Me susurró que me deseaba. Le di este sitio, un parking coqueto de noche. Dos coches pasaron, me aceleré. Nada. Otro más… se paró. Bajó la ventanilla. ‘¿Eres tú?’, su voz ronca. Subí rápido, olor a cuero y hombre. ‘Sí, joder, al fin’. Cerró la puerta, el motor aún ronroneaba bajito.

La espera que me quemaba por dentro

Nos miramos. Sus ojos oscuros me devoraban. ‘Estás preciosa’, murmuró, y su mano ya en mi muslo. Subía despacio, calor subiendo por mi piel. Yo… yo respiraba corto, pechos apretados contra la blusa. ‘Tengo ganas de ti desde la fiesta’, dijo, inclinándose. Nuestros labios chocaron, húmedos, urgentes. Lengua dentro, saboreando su saliva. Manos en mi cuello, bajando a mis tetas. Las apretó, pezones duros al instante. Gemí bajito, ‘Ay, sí…’. La razón gritaba ‘para’, pero el coño ya chorreaba. Su aliento caliente en mi oreja, ‘Quiero follarte ahora’. No pude más. Le besé el cuello, mordí suave. ‘Hazlo’. La tensión explotó.

El clímax brutal y el éxtasis posterior

Me subió la falda, bragas a un lado. Dedos en mi coño, resbaladizo, caliente. ‘Estás empapada, puta’, rió ronco. Dos dedos dentro, moviéndose rápido. Arqueé la espalda, ‘Joder, más…’. Se bajó los pantalones, su polla saltó dura, gruesa, venosa. La agarré, palpitaba en mi mano. ‘Chúpala’, ordenó. Me incliné, boca abierta, lengua en el glande salado. La tragué hasta la garganta, babeando. Él gemía, ‘Así, cabrona, trágatela toda’. Me folló la boca, empujando. Luego me tiró al asiento trasero. Piernas abiertas, polla en mi entrada. ‘Voy a reventarte el coño virgen’. Empujó fuerte, rompiendo todo. Dolor y placer, ‘¡Aaaah!’. Embestidas brutales, piel contra piel chapoteando. Sudor goteando, olor a sexo fuerte. ‘Fóllame duro’, supliqué. Cambiamos, yo encima, cabalgando su polla, tetas botando. Él pellizcaba pezones, ‘Córrete, zorra’. El orgasmo me partió, coño apretando, gritando. Él gruñó, ‘Me vengo…’, chorros calientes dentro, llenándome.

Caímos exhaustos, respirando agitados. Su polla aún dentro, suavizándose. Me besó suave, ‘Ha sido increíble’. Yo, temblando, piel pegajosa de sudor, coño palpitando con su semen chorreando. ‘Sí… nunca sentí tanto’. Nos quedamos así, abrazados en el coche oscuro. Cansancio feliz, cuerpo flojo, sonrisa tonta. Recordaba cada embestida, el sabor de su polla, el calor de su corrida. Me fui a casa con las bragas húmedas, el recuerdo quemándome. Quiero más noches así, sin tabúes.

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