Confesión ardiente: Mi amante en el restaurante y un polvo salvaje en los baños

La cena con mi marido era perfecta. El restaurante, con luces tenues y decoración íntima, nos envolvía en esa calidez de pareja. Él, guapísimo en su traje negro, camisa blanca desabotonada, me hacía reír con sus chistes. Hacía veinte años que no lo veía tan juguetón. Comíamos, charlábamos, todo fluía.

De repente, mis ojos captan movimiento en la puerta. Entra una pareja. Ella primero, con un vestido púrpura que resalta sus tetas pequeñas y alarga sus piernas. Pero él… Ay, Dios, él me corta la respiración. Alto, delgado, pelo corto castaño, ojos verdes pícaros y esa sonrisa que me revuelve las tripas.

La chispa que encendió la tensión insoportable

¡Es él! Mi amante virtual, con quien chateo meses, comparto fantasmas sucios, días grises y hasta le puse los cuernos a mi marido en el sofá. Está ahí, sexy en vaqueros y camisa azul. Se para en seco al verme. Su sonrisa se ensancha, pasa de sorpresa a pura alegría. Solo nos hemos visto dos veces en seis meses, folladas inolvidables.

Mi corazón late como loco. ¿Deseo? ¿Pánico? ¿Amor prohibido? Todo mezclado. Él mira a su mujer, morena con pelo corto, guapa, pero él dice que no lo cuida como debe. La odio al instante, celos que me apuñalan el vientre.

—¿Estás bien? —pregunta mi marido.

—S-sí, perfecto —miento, forzando una sonrisa, metiéndome un bocado de pescado.

Miro de nuevo. Él ya está en una mesa cerca, sentado para verme sin que ella note. Sus ojos me magnétizan. Lucho por mirar mi plato, a mi marido, pero vuelvo a él una y otra vez. Su sonrisa me derrite. La suavidad de su cara me llena de felicidad. Olvido a su mujer, él al mío. Solo existimos nosotros. Me sube el calor a las mejillas, tiemblo, me siento viva, cachonda, libre.

Sus ojos primero preguntan: ¿Tú aquí? Luego aceptan, sonríe con calma. Esa serenidad me pone más. Intento oír a mi marido, pero mis ojos lo buscan. Está tan cerca… siento su perfume imaginario, el calor de su sonrisa.

Tras el postre de chocolate, no aguanto más. El deseo me quema el coño. Me excuso: —Voy al baño —digo a mi marido.

Paso por su mesa, rozo su brazo. Mi mirada lo invita. En el baño, dejo la puerta entreabierta. Me subo la falda negra, bajo el tanga rojo empapado de mis jugos. Lo escondo en la mano.

La puerta chirría. Entra él. Tan seguro, yo temblando de excitación.

—Hola, mi puta adorada —susurra, mano en mi mejilla, cálida, suave. Cierro los ojos, boca entreabierta.

El polvo crudo y el despertar en llamas

Sus labios tocan los míos, beso tierno que se profundiza. Lenguas bailan, alientos cortos. Su mano baja a mi culo desnudo bajo la falda.

—¿Así vienes? —ríe sorprendido.

Le muestro el tanga húmedo. Lo coge, gruñe: —Me lo quedo —y lo mete en su bolsillo.

Mis manos en su pecho, siento sus músculos calientes. Desabrocho un botón, su piel huele a limón y especias. Besos más salvajes. Mi mano baja, palpo la polla dura bajo el vaquero. La saco, la aprieto, masturbo lento. Él suspira.

Sus dedos encuentran mi coño chorreante, labios hinchados. Me besa el cuello, gimo bajito. Dedos por delante, unta mi clítoris con mis fluidos, mete dos de golpe. —¡Oh, sí! —jadeo, mordiéndome el labio.

Me folla con los dedos, pulgar en el clítoris. Me apoyo en la pared, una pierna en su cadera. Él chupa mi teta, muerde el pezón. —Adoro tus tetas —dice entre lamidas.

Saca los dedos, aparta mi mano y me empala con su polla gruesa, caliente. Gime, se queda quieto saboreando mi calor. Lame sus dedos con mi jugo, me los mete en la boca. Sabe a mí, a sexo.

Me alza por el culo, piernas alrededor de su cintura. Me folla fuerte contra la pared, embestidas brutales. Boca en mi cuello, yo busco aire, uñas en su camisa. No pienso en condón, en riesgos, en ruidos. Solo placer rugiendo en mi vientre.

El orgasmo explota, grito ahogada, contracciones aprietan su polla. Él eyacula dentro, chorros calientes, se derrumba en mi cuello. Lo acaricio el pelo, tierno después del fuego.

Abro los ojos. Oscuridad. Estoy en mi cama, marido roncando al lado. ¿Un sueño? Tan real… el coño aún palpita.

Qué lástima… Me duermo pensando en él, en su polla llenándome. Mañana, más chats calientes. Buenas noches, mi coño travieso.

Leave a Comment