Confesión ardiente: Mi amigo me folló el culo por primera vez

Estaba en el centro de documentación, rodeado de libros de mates, cuando vibró mi móvil. Mensaje de Fabián: ‘Ven a repasar el DS a mi casa’. Sonreí como un tonto. Hacía cinco días de aquella noche en mi cuarto, cuando se subió a mi cama, me montó a horcajadas y me chupó la polla hasta que exploté en su boca caliente. Luego yo se la devolví. Puro sexo, nada de amor. Pero ahora… ¿repetiríamos?

La clase estaba en pánico por el primer DS. En el patio, todos hablábamos de eso. Vi a Fabián embobado con Virginie, la rubia de pelo liso y curvas. Sentí un pinchazo raro, ¿celos? Bah, imposible. Era solo atracción carnal. La lluvia empezó a caer fuerte en las calles frías de Lyon. Llegué a casa empapado, me metí en la ducha. El agua caliente resbalaba por mi pecho firme, del tenis semanal. Bajé la mano… mi polla se endureció al instante, recordando su lengua juguetona. La agarré, bombeé rápido, el vapor llenaba todo, mi respiración agitada. Pero paré. No quería correrme solo.

La tensión que me quemaba por dentro

Me vestí rápido: camiseta azul marino, bóxer a juego, vaquero. ‘Voy a casa de Fabián a estudiar, duermo allí’, grité a mis padres. Afuera, ocho grados, viento helado, bruma nocturna. Llamé a la puerta. Él abrió, camiseta blanca ceñida a sus músculos, pantalón negro, pelo rubio alborotado. Dios, qué sexy. Mi polla dio un salto, pero disimulé. Nos dimos dos besos en las mejillas, su piel cálida contra la mía.

Nos sentamos en el sofá del salón, libros por todos lados. Le expliqué mates, comimos pasta caliente. ‘Oye, esa Virginie… ¿no te parece un poco puta?’, solté de repente. Él rió. ‘Tío, nadie me mama la polla como tú aquella noche’. Me sonrojé. Se acercó, ojos brillantes. ‘Quiero repetir… pero ir más allá. ¿Qué dices de follar de verdad?’. Tragué saliva, corazón latiendo fuerte. ‘Vale… pero ¿quién mete y quién recibe?’. ‘Cara o cruz. Y cambiamos’. Saqué una moneda. Cruz. Yo primero.

Su mirada se encendió. Me quitó la camiseta torpemente, luego el vaquero. Mi bóxer abultado. Lo bajó, mi polla saltó dura como piedra. Se arrodilló, la engulló entera. ‘Joder, Fab…’, gemí. Su boca húmeda, lengua girando en el glande, chupando mis huevos. Yo le cogí la cabeza, follándole la boca. ‘Para, o me corro’. ‘Hagamos un 69’, propuse. Se quitó todo, su cuerpo atlético brillando. Polla más gruesa que la mía, tiesa. Nos tumbamos en el sofá. Su verga en mi boca, la mía en la suya. Chupábamos como locos, saliva goteando, gemidos roncos. ‘Casi… me corro’, jadeó él. Frenamos, lamiendo despacio, su glande hinchado como una ciruela.

El polvo brutal y el subidón inolvidable

Se puso a cuatro patas. Le comí el culo, lengua hurgando el agujero apretado, sabor salado y dulce. Él gemía bajito. Capuchón, lubri, mi polla en su entrada. ‘¿Listo?’. ‘Venga, fóllame’. Empujé lento. Gritó de dolor, pero ‘¡No pares!’. Metí hasta el fondo, su culo estrecho apretándome como un guante caliente. Salía y entraba, huevos chocando contra sus nalgas firmes, plaf plaf. Aceleré, sudor resbalando, su piel ardiente bajo mis manos. ‘¡Más fuerte, Román!’. Lo di todo, bestial, su culo tragándome entero.

‘¡Me corro!’, rugí. Saqué, quité el capuchón, semen caliente salpicando su espalda musculada, chorros potentes. Él se derrumbó, jadeando. ‘Eres un puto máquina’. Ahora él. Me puse contra la puerta, madera fría en mi polla semi. Me lamió el culo, lengua profunda, me volvió loco. Lubri, y ¡zas! Entró de golpe. ‘¡Aaaah!’, grité, dolor y placer mezclados. Follaba salvaje, polla gruesa abriéndome, huevos aporreando. ‘Tu culo es una puta maravilla’, gruñó. Gemía como loco, mi polla rozando la puerta, endureciéndose otra vez. Ritmo brutal, puerta temblando.

‘¡Me vengo!’, avisó. Se sacó, yo de rodillas, tragué su polla. Explotó, semen espeso en mi cara, pecho, chorros interminables, sabor salado en mi lengua. Caímos exhaustos. ‘Esto es puro sexo, ¿eh?’, dijo él sonriendo. ‘Claro… brutal’. Nos limpiamos, boxers puestos, al catre. Yo en mi saco, mirando la luna. Su semen aún pegajoso en mi piel. Fatiga feliz, cuerpo dolorido pero satisfecho. ¿Solo sexo? Por ahora, sí. Pero algo ardía dentro. Esto era solo el principio.

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