Hola, soy Lucía, una española de 19 años, pelirroja hasta la cintura, ojos verdes, 1,76 m, con tetas firmes 80B y piernas que vuelven locos. Estudio enfermería en un internado, adoro los bebés. Soy super abierta, me pongo faldas mini sin bragas ni sujetador, vivo mis deseos sin filtros.
Era un día de mayo, 25°C, me puse una minirobe blanca cortísima, solo un string amarillo debajo. Al mediodía, en el parque de la uni, busqué un rincón soleado junto al estanque. Subí la falda, desabroché el escote hasta el ombligo, tetas casi al aire. El sol quemaba mi piel, delicioso. Me quedé dormida.
La chispa que encendió el fuego
Desperté a las 14:30, tarde para prácticas con Ana, mi profe de 35, exnadadora, cuerpo musculoso perfecto. Corrí, ajusté la ropa a medias. ‘Entra’, dijo. Me miró raro. Al final del curso, ‘Lucía, qué pasó con el retraso?’. ‘Mareo, Anaïs… perdón, Ana’. Se acercó, abrió mis botones. La robe se abrió, tetas al aire, string visible.
‘Esto es un mareo?’, murmuró, rozando mis pezones duros, enrojecidos por el sol. Calor en mi piel, aliento entrecortado. ‘Qué tetas tan ricas’, dijo. Intenté cerrar, ‘¡Quieta!’. Me miró: ‘Te gusta que te miren?’. ‘Sí… Ana’. ‘Quítate todo’. Dudé. ‘Hazlo’. Dejé caer la robe, luego el string. Desnuda total. Sacó el móvil, fotos sin parar. Sus dedos por mi cuerpo: hombros, espalda, tetas, caderas… rozó mi coño depilado, pero no entró. ‘Vístete sin bragas, guárdalas’. Me besó en la boca, lengua juguetona. ‘Secreto nuestro’.
Semana normal, hasta sábado. Toc toc, Ana en mi cuarto. ‘Cena en casa?’. ‘Sí!’. ‘Vístete sexy, sin nada debajo’. Elegí la robe blanca más corta, culo al aire si me agacho. En su descapotable negro, rodillas arriba, coño a la vista. ‘Eres una puta deliciosa, depiladita’. ‘Sí, odio los pelos’. En la ciudad, ‘Abre más las piernas’. Obedecí, coño expuesto a todos. Fourmillements, humedad.
El clímax brutal y el dulce agotamiento
Paramos en un bar lésbico, château isolé. Me ajustó la robe: tetas medio fuera, falda en el pliegue del culo. Mano en mi monte de Venus, dedo rozando labios. Dentro, oscuro, caliente, olor a sexo y sudor. Solo mujeres. Isabelle, rusa guapísima, nos sirvió cócteles fuertes. Bebí rápido, cabeza gira.
Miré bailarinas, manos por todo. ‘Bailemos’, dijo Ana, pegándome a su cuero. Sus manos en mi culo, tetas contra ella. Otro cóctel, más alcohol. Bailé sola, sensualmente, robe subiendo, tetas saltando, coño al aire. Isabelle detrás, besándome salvaje, lengua profunda. Bajó la robe, desnuda total. Aplausos. Miedo, pero excitación. Ana guió manos: pechos apretados, culos pellizcados, dedos en mi clítoris. ‘¡Ahh!’. Olor a coño mojado, mi jugo bajando piernas.
Tension insoportable, razón voló. Ana frotó mi clítoris hinchado, ‘Córrete, puta’. Isabelle chupó mis tetas, muerdiendo pezones. Otras dedos en mi raja, metiendo dos, tres. ‘¡Fóllame más!’. Grité, orgasmo brutal, squirt en la pista, cuerpo temblando, sudor mezclado con jugos. Coño palpitando, olor fuerte a sexo.
Agotada, feliz, Ana me llevó al bar desnuda. ‘La noche sigue en casa’. En el coche, viento en mi piel sensible, coño aún goteando. Llegamos, me folló lento en su cama: lengua en mi clítoris, dedos dentro, ‘Tu coño es mío’. Otro orgasmo, suave. Durmió abrazada. Recuerdo su piel caliente, aliento en mi cuello, olor nuestro. Quemadura eterna.