Me desperté sudada, con el sol pegando en la ventana. Nueve de la mañana. Joder, qué temprano. Julián ya estaba encima de mí en el jardín, su polla dura rozándome el culo. ‘Lilí, por favor, una más antes de irme al curro’, me susurró al oído, su aliento caliente en mi cuello. Yo, riendo bajito, ‘Eres insaciable, cabrón. Desde anoche, cuatro veces ya’. Pero mi coño chorreaba, no podía negarme.
Me puse de rodillas en la mesa, la camisola subida hasta la cintura. Él se enchufó la goma y me la metió de un empujón. ‘¡Han!’, gemí, agarrándome al borde. La madera raspaba mis tetas blancas, el sol calentaba mi piel. Olía a café y a sexo, su sudor mezclado con mi humedad. Me follaba fuerte, sin piedad, platos cayendo al césped. Yo protegía la taza con una mano, mordiéndome el labio para no gritar. Sus pelotas chocaban contra mi clítoris, hinchado y sensible.
La chispa que encendió el fuego
De repente, un ruido. ‘¿Has oído?’, le dije. Él, perdido en su corrida, ‘No, joder, me corro’. Se sacó la polla, arrancó la goma y eyaculó en la taza. Chorros gruesos, calientes. ‘Termina tu desayuno, puta’, me dijo riendo. Me lo bebí, salado y espeso, relamiéndome. Limpieza rápida y se fue. Yo recogiendo el desastre, pensando en su moto lejana esa noche.
Sonó el timbre. Era Alé, el hijo de mis vecinos. Alto, musculoso, recién mayor de edad. ‘¡Hola, Lilí! Llegué de noche con el coche de mi madre’. Le besé las mejillas, oliendo su piel fresca. Esa noche, cena en el jardín. Champagne, música lenta. Bailamos pegados, su polla dura contra mi vientre. ‘Me has visto esta mañana, ¿verdad?’, le susurré. Se puso rojo. ‘Tuve un ruido…’. Sonreí, mi mano bajando a su paquete. ‘Shh, será nuestro secreto. Pero mírame…’. La tensión era insoportable, mi coño palpitaba. La razón se fue a la mierda.
Lo senté en el banco, le bajé los shorts. Su polla saltó, venosa, el glande rosado brillando. ‘Qué rica verga tienes, chaval’. La lamí despacio, lengua plana desde las huevos hasta la punta. Él jadeaba, ‘Lilí… dios…’. La chupé entera, garganta profunda, saliva goteando por sus bolas. Le mamé las pelotas, succionando, mientras le pajeaba. ‘Me corro…’, avisó. Abrí la boca, leche caliente inundándome. Tragué todo, lamiendo los restos.
El clímax brutal y el éxtasis compartido
Ahora él. Le quité la camisola, el sujetador. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones duros. ‘¡Más fuerte!’, gemí. De rodillas, me comió el coño. Lengua en mi raja depilada, aspirando mi clítoris. ‘¡Sí, así, cabrón!’. Me corrí temblando, jugos en su cara. Capota puesta, me montó en el césped. Su polla abriéndose paso en mi coño ancho y mojado. ‘¡Qué apretada estás!’, gruñó. Cabalgaba, tetas botando, él chupándolas.
Entonces, ‘¿No os cortáis, eh?’, voz de Julián. Sorpresa total. ‘Vine antes para follarte bien’. Se unió sin pensarlo. Me la metió por el culo mientras Alé me follaba el coño. Doble penetración brutal. ‘¡Joder, sí! Llenadme’, grité. Sus pollas rozándose dentro, separadas por una fina pared. Sudor, olores a sexo, gemidos roncos. Julián en mi ano apretado, Alé en mi chucha chorreante. Me corrí gritando, ellos eyaculando casi juntos, llenándome de leche tras las gomas.
Agotados en la hierba, estrellas arriba. Cuerpos pegajosos, sonrisas tontas. ‘Estas vacaciones van a ser épicas’, murmuró Alé, mano en mi muslo. Julián besó mi cuello, ‘Mi puta favorita’. Fatiga dulce, coño y culo palpitando, recuerdos ardiendo. Nunca olvidaré esa noche de lujuria total.