Confesión ardiente: Mi marido me vio follar como nunca con un desconocido

Dios, no sé si hice una locura… Pero aquí estoy, en esta habitación de hotel cinco estrellas, con mi marido sentado en ese sillón tan cómodo, mirándome fijamente. Y delante de mí, Luis, ese hombre de cincuenta tacos, pelo salpimentado, ojos azules que me derriten, sentado en la cama. Mi coño palpita ya solo de pensarlo. Llevo esa lencería negra de Agent Provocateur que mi Pablo me regaló, tanga empapado, medias de seda y taconazos Louboutin que me hacen las piernas eternas.

Todo empezó hace dos meses, en plena follada con Pablo. Estaba yo encima, cabalgándolo como una loca, y solté: ‘Eres tan bueno… Me pone cachonda imaginarte viéndome follar con otro’. Él se corrió al instante, gimiendo que sí, que le molaría. ¿Yo? Siempre abierta a todo, pero aquello me encendió. Al día siguiente, creé un perfil en un sitio libertino: ‘Pareja candaulista busca hombre 35-50 para trío con morbo voyeur’. Fotos sexys yo en bolas, tetas firmes, culo redondo, mi raja depilada con esa tira sexy guiando al clítoris.

La chispa inicial y la tensión que explota

Luis nos escribió perfecto, culto, jefe de empresa. Charlamos noches enteras, fotos suyas depilado, polla gruesa pero no monstruosa. Quedamos para comer sushi, él nos puso a gusto, sobre todo a Pablo, que estaba nervioso. Yo? Mi tanga chorreaba bajo la mesa, imaginando su lengua en mí. Subimos al hotel, y pum, la tensión estalla. Pablo en el sillón, yo de pie ante Luis. Sus manos en mis caderas, baja la cremallera de mi vestido negro. Se desliza, quedo en lencería, pezones duros como piedras.

‘Mmm, qué ganas tengo de ti’, murmura él, voz ronca. Yo tiemblo, mi piel ardiendo bajo sus dedos. Me sienta en la cama, besa mi cuello, justo bajo la oreja, zona que me mata. Frémulos, jadeos cortos. Pablo mira, su polla ya dura en el pantalón. Luis baja lento, quita tacones, masajea pies doloridos, sube por medias, roza muslos. Huele mi coño a través del tanga, ‘Hueles a sexo puro, puta deliciosa’. Lo bajo, mi raja abierta, clítoris hinchado, labios jugosos.

Pablo coge mi tanga húmeda, la huele. Yo abro piernas, expuesta. Luis ataca: lengua en clítoris, chupando, vrillando. ‘¡Joder, sí! Más fuerte’. Empujo cadera, manos en sábanas. Sudor, olor a coño mojado llena la habitación. Me corro en su boca, gritando, piernas temblando, jugos chorreados. Nunca tan rápido, tan intenso.

El acto salvaje y el éxtasis compartido

Luis se pone de pie, se desnuda. Boxer marcado, mancha húmeda. Yo tiro abajo, polla erecta, venosa, huevos lisos. La chupo voraz: lamo huevos, subo lengua por tronco, glande brillante de saliva. La meto entera, garganta profunda, él gime ‘¡Hostia, qué boca!’. Pablo se pajea ya, polla fuera.

Me pongo a cuatro, culo a Pablo. Luis enmienda condón, embiste de un golpe. ‘¡Qué coño tan apretado, tan caliente!’. Me folla brutal, manos en tetas, pellizca pezones. Cambio: él debajo, yo cabalgo, culo rebotando, ano guiñando a Pablo. ‘Fóllame más, hazme correrme otra vez’. Ritmo feroz, clítoris frotando, me vengo gritando, él eyacula rugiendo dentro del goma, espasmos.

Caemos exhaustos, sudor pegajoso, respiraciones agitadas. Pablo se corre solo, chorros en pecho. Brindamos champán frío, cuerpos calientes. Luis me acaricia, pero miro a Pablo: ‘Gracias, amor, por verme así de puta’. Él sonríe, ‘La próxima, únete’. Fatiga dulce, coño palpitante aún, recuerdo quemándome. Fue brutal, liberador. Quiero más.

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