Confesión caliente: la ducha prohibida que me hizo explotar de placer

Me llamo Carmen, tengo 39 años. Vine de Madrid a este pueblo tranquilo por un curro nuevo. Mi marido llega en unas semanas. Alquilé habitación en casa de Verónica y Javier, una pareja guapísima, de unos 37. Él, alto, musculoso, con esa mirada que te calienta. Ella, rubia, tetas firmes, culo perfecto. Al llegar, Javier me abrió la puerta en pantalón corto, sudado de correr. Olía a hombre, a sudor fresco. ‘Pasa, Carmencita, tutéame’, dijo con sonrisa pícara.

La casa era un sueño: jardín con flores, baño enorme con hammam. Mi habitación al lado de la suya. Esa noche, después de cenar y charlar de todo, me metí en cama. Pero… oí ruidos. Gemidos ahogados. Me quedé quieta. Verónica jadeaba: ‘¡Sí, cómemela, Javier, lame mi coño hasta que me corra!’. Chup chup, su lengua en ella. Luego ella: ‘Ahora mi turno, qué polla tan dura’. Succiones húmedas, él gimiendo ‘Trágatela toda, amor’. Se corrieron fuerte, ella gritando, él gruñendo mientras eyaculaba en su boca.

La llegada y la tensión que me quemaba

Mi coño se mojó al instante. Me toqué, imaginando su polla gruesa entrando en mí. Respiración agitada, piel caliente. Al día siguiente, todo normal en desayuno. Pero yo ardía. Corrimos juntos por el bosque. Él delante, culo prieto. Sudor goteando. Volvimos, ‘Ducha juntos, hay sitio’, dijo natural. Me desnudé temblando. Su polla colgaba gorda, venosa. La mía depilada, ya húmeda.

Charlamos bajo el agua. ‘Somos liberales, nos encanta compartir’. Mi clítoris palpitaba. ‘¿Y si…?’, dudé. Él se acercó, su polla endureciéndose contra mi tripa. ‘¿Quieres probar?’. La razón saltó. Lo besé, salvaje. Su lengua invadiendo mi boca, manos en mis tetas, pellizcando pezones duros.

El clímax salvaje y el dulce agotamiento

Lo empujé al banco. ‘Quiero tu polla en mi boca’. Me arrodillé, agua caliente cayendo. Lamí su glande morado, salado de pre-semen. ‘Joder, Carmen, qué boca’. La chupé profunda, garganta apretada, bolas en mi mano, pesadas y calientes. Él gemía ‘¡Más, trágala!’. Mi coño chorrea, dedos dentro frotando.

Me levantó, me abrió contra la pared. ‘Te voy a follar como una puta’. Su polla enorme entró de golpe, estirándome. ‘¡Ahhh, sí, rómpeme!’. Golpes brutales, piel contra piel chapoteando. Olía a sexo, a sudor mezclado. Me mordía el cuello, mano en clítoris. ‘Estás empapada, zorra’. Grité ‘¡Córrete dentro, lléname de leche!’. Él aceleró, gruñendo ‘¡Me vengo!’. Sentí su polla hincharse, chorros calientes inundándome el coño. Yo exploté, piernas temblando, jugos mezclados goteando.

Caímos sentados, jadeando. Agua lavando el semen que salía de mí. ‘Ha sido… increíble’, murmuró él, besándome suave. Yo, exhausta, feliz, con el coño palpitando aún. Ese recuerdo me quema cada noche. Mañana corro con él otra vez. ¿Y Verónica? Quizás se una…

Leave a Comment