Confesión ardiente: Cómo el ex de mi prima me folló como nunca

Ay, chicas, no sabéis lo que me pasó el otro día. Soy Nelly, la prima gordita y alegre de esa diosa inalcanzable, Magdalena. Ella dejó a Ramiro por un jefazo con pasta, el pobre cayó del cielo. Yo lo vi por la calle, con esa cara de perdido, y le invité a una de mis fiestas temáticas. ‘Ven con pizzas’, le dije, riendo. Él aceptó, y desde esa noche, empezamos a salir. Cine viejo, exposiciones cutres, paseos por el parque… Cada vez que nos rozábamos, sentía un cosquilleo. Sus ojos me devoraban las curvas, mis tetas grandes apretadas contra su brazo. ‘Nelly, eres tan viva’, me decía, y yo notaba su polla endurecerse un poco cuando nos abrazábamos de despedida.

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La tensión crecía, joder. Una tarde, antes de otra salida, me suelta: ‘Tu prima me pidió volver’. Me quedé helada, el corazón latiendo fuerte. ‘¿Y tú qué?’, balbuceé. Él me miró, serio, y de repente me agarró por la cintura. Sus manos grandes bajando por mis caderas, pegándome a él. Olía a hombre, a colonia y sudor ligero. ‘Nelly… te quiero’, murmuró, su aliento caliente en mi cuello. Intenté protestar, ‘Pero Ramiro…’, y él me calló con un beso brutal. Sus labios duros, lengua invadiendo mi boca. Sentí su polla tiesa contra mi vientre, enorme, palpitante. La razón se fue a la mierda. ‘Fóllame’, gemí, jadeando. Nos tropezamos hasta mi habitación, ropa volando.

La chispa que encendió el fuego

Me tiró en la cama, arrancándome la blusa. Mis tetas saltaron libres, pezones duros como piedras. ‘Joder, qué ricas’, gruñó, chupándolas con hambre. Mordisqueaba, lamía, mientras sus dedos bajaban a mi coño. Estaba empapada, chorreando. ‘Estás chorreando por mí’, dijo, metiendo dos dedos dentro, follando mi humedad con ellos. Grité, arqueándome. Le bajé los pantalones, su polla salió como un cañón, gruesa, venosa, goteando precum. La agarré, masturbándola fuerte. ‘Chúpamela’, ordenó. Me arrodillé, tragué su verga hasta la garganta, saboreando el salado. Él gemía, ‘Sí, así, puta mía’. Me puso a cuatro patas, escupió en mi coño y embistió. ¡Dios! Me llenó entera, follando duro, pellizcando mis nalgas. ‘Tu coño es mío, aprieta’, jadeaba. Sudor por todos lados, pieles chocando, olor a sexo puro. Me corrí primero, chillando, contrayéndome alrededor de su polla. Él siguió, dándome azotes, tirándome del pelo. ‘Me vengo’, rugió, llenándome de leche caliente, chorros y chorros dentro.

Caímos exhaustos, jadeando. Su semen chorreaba de mi coño, mezclado con mis jugos. Me abrazó, besándome suave. ‘Te quiero de verdad, Nelly. No como a ella’. Yo, temblando aún, sonreí. ‘Yo también, amor. Ha sido… brutal’. Dormimos pegados, piel caliente contra piel. Al despertar, el recuerdo me quema: su polla dura, mis gemidos, ese orgasmo que me dejó las piernas flojas. Ahora follamos cada noche, y es mejor que cualquier fantasía. Magdalena que se joda, yo tengo al hombre que me folla como una reina.

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