Confesión caliente: Me follé a dos soldados para ver a mi amor

Ay, chicas, no sé por dónde empezar. Estaba loca por ver a Ian, mi marido, preso en ese puerto caótico después de la invasión. Me vestí de soldado, con uniforme robado, para colarme. Mi amiga Audrey ya había pasado, pero yo… me pillaron. El sargento Belrive y el soldado Lucien entraron en el cobertizo donde me cambiaba. Corsé abierto, falda rasgada para vendarme las tetas. ‘¿Qué coño haces?’, gruñó el sargento, oliendo a sudor y tabaco.

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Me temblaban las piernas. Quería ver a Ian una última vez antes de que lo embarcaran. ‘Solo un beso, por favor’, supliqué. Pero el cabrón sonrió: ‘El reglamento dice no, pero… si te calmo antes, no te pondrás cachonda con tu hombre’. Lucien cerró la puerta. Sentí el calor subiendo, mi coño ya húmedo del miedo y la adrenalina. ‘No, esperad…’, balbuceé, pero mi voz era débil. Sus manos en mis hombros, bajando el corsé. Pezones duros como piedras. El aliento caliente del sargento en mi cuello, olor a hombre rudo. La razón gritaba ‘para’, pero el deseo ardía. ‘Solo un poco’, me dije, mientras me arrodillaba. Sus pollas saltaron fuera, gruesas, venosas. La del sargento normalita, la de Lucien… joder, enorme, palpitante.

La chispa que me quemó por dentro

Empecé chupando, lengua en el glande, saliva goteando. ‘Buena boca’, jadeó Belrive. Me metí la de Lucien hasta la garganta, tosiendo, pero excitada. Me pusieron a cuatro patas. Lucien embistió mi coño de un golpe, chapoteando en mis jugos. ‘¡Joder, qué mojada!’, rio. El sargento en mi boca, follando mi cara. Gemí alrededor de su verga, cadera moviéndose sola. Olía a sexo, sudor mezclado con mi excitación. Cambiaron: Belrive en mi coño, palmadita en el culo. ‘Muévete, puta’. Y lo hice, salvaje. Me corrí gritando, coño contrayéndose, pero siguieron. Semen en mi cara, caliente, pegajoso. Tragué, lamiendo.

El clímax brutal y el éxtasis doble

Lucien me folló duro, polla como pistón. ‘¡Más!’, supliqué sin darme cuenta. Belrive: ‘Esta zorra quiere más’. Me corrieron otra vez, piernas temblando. Entonces… los dos. Belrive debajo, yo encima, su polla en mi coño. Lucien detrás, empujando… ¡en el mismo agujero! Me abrían, dolor-placer brutal. ‘¡No cabe!’, grité, pero gemí cuando entraron. Dos pollas rozándose dentro, estirándome al límite. Follaron sincronizados, tetas rebotando, sudor chorreando. Orgasmo tras orgasmo, vi estrellas. ‘¡Sí, joder, folladme!’, aullé. Se corrieron juntos, inundándome, semen salpicando fuera. Caí exhausta, coño palpitante, lleno de lefa.

Salí limpiándome como pude, empapada en sudor y corrida. Audrey me miró: ‘¿Estás bien?’. Asentí, pero dentro… euforia. Cansancio dulce, coño dolorido pero feliz. Recordaba cada embestida, el olor, los gemidos. Traicioné a Ian, sí, pero fue el polvo de mi vida. Aún me mojo pensándolo. ¿Volvería? Mmm… quizás.

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