Confesión ardiente: Follé como una loca con mi compañero en los baños del curro

Ay, chicas, hoy os cuento esto que me pasó hace una semana y aún me mojo al recordarlo. Me desperté a las siete con el coño palpitando, salida de un sueño donde me follaban sin parar. Mi marido, como siempre, refunfuñando: ‘Cariño, llegamos tarde, déjalo’. Ni caso. Me vestí con la falda ajustada, las bragas ya húmedas rozándome el clítoris a cada paso. Conduje los treinta kilómetros al curro con la cabeza en nubes, imaginando pollas gruesas untadas de aceite en playas exóticas. La niebla de la campiña no calmaba mi calentura.

Llegué al despacho, montaña de papeles, mensajes en el móvil. A los 38, con dos niños, pensando en los años que quedan para jubilarme… Me metí en faena para distraerme. Solo un flash: la limpiadora agachada, tetas colgando. Uf, mi chochito se contrajo. ‘Patricia, contrólate’, me dije. Pero la tripa rugía, era hora de comer. Miércoles, poco personal por las 35 horas. En la sala de descanso, café en mano, oigo a Miguel peleando con la fotocopiadora. Alto, moreno, 29 años, ojos que me comen siempre.

La chispa que encendió el fuego

‘¿Alguien sabe de esto? Se atasca en recto verso’, dice con voz ronca. ‘Voy’, le suelto, y lo sigo. Su culo marcado en los pantalones… hmmm. Se agacha, abre el panel, yo a su lado, rozando mi muslo contra el suyo. Huelo su colonia mezclada con sudor masculino. Lee las instrucciones, nervioso, y yo noto su paquete hinchándose. ‘Bourrage en T2’, murmura. Encuentra el papel, pero yo ya no aguanto. La tensión es un nudo en mi vientre, el coño me arde. Le cojo la mano, la llevo a mi falda: ‘El problema está aquí… en X1’. Sus ojos se abren, pero su polla salta bajo la tela. Empieza a frotarme despacito, yo jadeo bajito. ‘Miguel, te deseo tanto…’

Se levanta: ‘Vamos a ver si arranca’. Yo: ‘Espera… sí que arranca’. Hacemos la copia, colegas alrededor. Me guiña un ojo, coqueta. Lo sigo al baño para discapacitados, grande, limpio, perfecto. Cierro el pestillo. Nos abrazamos fuerte, su aliento caliente en mi cuello. ‘Dios, Patricia…’, susurra. Nuestras bocas chocan, lenguas enredadas, sucias, succionando saliva. Le aprieto la polla dura contra mi pubis. Manos en mi culo, amasándolo. Desabrocho su camisa, él mis botones. El sujetador cae, mis tetas obús saltan, pezones duros como piedras rosadas. Me chupa uno, tira con dientes, gimo: ‘Sí, así…’

El polvo brutal y el clímax

Sus dedos torpes en mi cremallera, falda al suelo. Huelo mi propia excitación, mezcla de sudor y jugos. Me gira, besa mi espalda, muerde mis nalgas a través de las bragas blancas. ‘Quítamelas’, le pido ronca. Baja la algodón, mi coño peludo y empapado al aire. Me empuja al muro, dedo en mi raja resbaladiza. Clac-clac de mis fluidos. ‘Estás chorreando, puta…’, gruñe. Me dobla, intenta metérmela por detrás. Fallamos un par veces, ángulo jodido. ‘Espera…’, digo. Doblo la falda en el suelo, a cuatro patas. Me lame el culo, lengua en el ano, luego chupadas en el coño. Sabe a mar, fade pero adictivo.

Guío su glande gordo a mi entrada. ‘Despacio…’, entro yo empujando. Calor envolvente, paredes apretando su verga venosa. Agarra mis caderas, embiste. Ploc-ploc, mis jugos salpican sus huevos peludos. ‘¡Fóllame fuerte!’, grito ahogada. Veo mis tetas balanceándose, nalgas temblando con venitas azules. Quiero su dedo en el culo, pero no pido. Gime, se contrae mi coño en espasmos. Él eyacula dentro, chorros calientes llenándome. Me derrumbo, sudor pegajoso, su peso sobre mí.

‘Miguel, ha sido… increíble’, susurro besando su hombro salado. ‘Shhh, secreto nuestro’, dice sonrojado. Nos vestimos rápido, arreglamos ropa. Salimos por separado, sonrisas cómplices. Una semana después, nos esquivamos, pero el recuerdo quema: su polla palpando mi útero, olor a sexo en el aire. ¿Repetimos? El deseo no avisa.

Leave a Comment