Ay, chicas, no os podéis imaginar lo que me pasó el otro viernes. Yo, rubia, delgada, con esos ojos azules que antes brillaban solo por él. Mi hombre, alto, moreno, atlético, con esa mirada verde que me volvía loca. Nos amábamos tanto… Preparé todo en el patio de nuestra casa: rosas, lys, la fuente sonando como en Venecia. Mesa de cristal antiguo, platos de porcelana con oro, pétalos everywhere. Me puse lencería transparente, sexy a morir, perfume entre los pechos. Tenía que contarle que estaba embarazada. Mi vientre plano aún, pero con su semilla dentro.
Llega, me ve, suelta el maletín, me abraza fuerte. Su piel caliente contra la mía, su aliento en mi cuello. ‘Estás preciosa, amor’, me dice, besándome el lóbulo. El teléfono suena. Ignoramos. Suena otra vez, del bolsillo de su chaqueta tirada en el suelo. Yo quiero seguir, pero él… no contesta. Tercera vez. ‘Cógelo tú’, le digo, pero él me agarra la muñeca, fuerte, shhh, no. Su mano duele un poco, pero me excita esa rudeza. Cuarta llamada. Me suelto, cojo el móvil. Una voz de puta: ‘¡Joder, cabrón, ¿dónde estás? Te necesito mi polla ahora mismo!’
La chispa que encendió el infierno
Me quedo helada. Se lo paso, mis ojos azules clavados en los suyos, ahora nublados. Lágrimas queman, pero rabia más. Él cuelga, la zorra ya había colgado. Silencio. Nos miramos, odio en mis ojos, culpa en los suyos. Mi mano baja… rozo su vientre, bajo a su paquete. Duro ya. La otra mano en mi tripa. ‘Estoy embarazada, hijo de puta’, susurro. Él tiembla, ‘Lo siento, mi amor…’. Pero mi coño palpita. Celos, rabia, deseo. Me mojo tanto que siento el calor entre mis piernas. Su polla crece bajo mi palma. No razono. Lo empujo contra la mesa, pétalos vuelan.
Sus manos rasgan mi lencería, pechos al aire, pezones duros como piedras. ‘Fóllame’, le digo, voz ronca. ‘Hazme olvidar a esa puta’. Me gira, me sube a la mesa, platos caen, cristal roto. Su boca en mi cuello, mordiendo. Bajo su pantalón, su polla salta, gruesa, venosa, goteando pre-semen. Huele a hombre, a sexo puro. La agarro, la chupo rápido, lengua en el glande, saliva chorreando. Él gime, ‘Joder, nena…’. Me come el coño, lengua dentro, chupando mi clítoris hinchado. ‘Estás empapada’, gruñe. Piernas temblando, huelo mi propia excitación, salada, caliente.
El polvo de venganza y placer
Me penetra de golpe. ‘¡Ahhh!’, grito. Su polla me llena, estira mi coño hasta el fondo. Golpes brutales, mesa cruje. Sus huevos chocan contra mi culo, slap-slap. ‘Más fuerte, cabrón’, jadeo. Me agarra el pelo, me arquea, me folla como animal. Siento cada vena, su calor quemándome por dentro. Cambio: yo encima, cabalgo su polla, pechos rebotando. Él aprieta mi culo, dedo en mi ano. ‘Te voy a correr dentro, con nuestro hijo ahí’, dice. Orgasmos me parten: coño contrayéndose, chorros de placer. Él ruge, semen caliente inunda mi útero, chorros y chorros.
Caemos al suelo, patio fresco bajo nosotros. Sudor pegajoso, respiraciones cortas. Su polla aún semi-dura en mí, semen goteando. Me besa suave ahora, ‘Perdóname’. Yo sonrío, cansada, feliz. ‘Fue la mejor follada de mi vida’. Cuerpo dolorido, coño palpitante, olor a sexo everywhere. Ese recuerdo me quema aún. Celos nos unieron más. Mañana, hablamos… pero esta noche, fue pura pasión salvaje.