Confesión ardiente: orgía salvaje en un velero con mi hermana y mi amiga

Me llamo María, tengo 22 años, morena con ojos marrones y piel mate. Dicen que soy un bombón. Ese verano del 2000, unas vacaciones en una escuela de vela en Bretaña, en un velero precioso de diez metros. Éramos diez: solo dos tíos, Maxi y Thierry, y nosotras, ocho chicas calientes. Mi hermana Julia, de 19, mis amigas Silvia de 22 y Elodie de 21, y otras. Cabinas apretadas, cuerpos rozándose todo el día.

Desde el principio, la tensión era brutal. Veíamos a Maxi con su boxer diminuto, la polla medio dura cuando salíamos en bragas de la ducha. Yo le pillé mirando mis tetas, y le guiñé un ojo. ‘¿Te gusta lo que ves?’, le susurré una noche. Él se sonrojó, pero su bulto creció. Noches hablando de sexo, roces ‘accidentales’ en cubierta. El olor a mar y sudor nos ponía a mil. Yo me tocaba pensando en su lengua en mi coño.

La chispa inicial: tensión sexual insoportable

Un mañana lluvioso, viento fuerte, no salimos. Todos menos nos tres nos fuimos a caminar. Julia dormía, yo en el roof, medio cuerpo fuera, solo con una camiseta fina, sin bragas. El culo al aire, sintiendo la brisa en mi coño rasurado. Oí pasos. Maxi entró sigiloso. Su aliento caliente en mi nuca. ‘María…’, murmuró. Sus manos en mis piernas, subiendo lentas. Piel suave, muslos firmes de tanto remar. No dije nada, solo arqueé la espalda.

Sus dedos en mis nalgas, amasándolas. Besos húmedos, lengua lamiendo mi piel salada. El corazón me latía fuerte. Bajó al agujero, lo rodeó con la lengua. ‘Joder, qué rico…’, gemí bajito. Se metió dentro, follando mi culo con la lengua. Yo chorreaba, coño palpitando. Julia se removió. La vi: despierta, mano en la braguita, frotando su clítoris. Ojos vidriosos.

‘ Sigue, estás preciosa así’, le dije a Julia. Maxi lamió sus dedos llenos de jugos y sonrió. Ella se quitó la braga, piernas abiertas, dedo en el culo y otro en el coño. ‘Tú sigue con mi hermana, cabrón’. Yo me masturbaba con tres dedos, gimiendo. La razón se fue a la mierda. Silvia oyó gemidos, entró. ‘¿Qué coño…?’, vio todo, se tocaba ya.

El clímax brutal y sin filtros

Maxi le pidió condones, ella sacó una caja. Se arrodilló, le bajó el boxer, polla dura como piedra, venosa. La chupó profunda, bolas en la boca, saliva chorreando. ‘Mmm, qué polla más rica’. Se puso el condón, folló a Julia por detrás. Yo lamí sus huevos, lengua en su culo. Julia corrió gritando, coño apretando.

Me puse encima de Maxi, directo al culo. ‘¡Sí, fóllame el ojete!’. Cabalgué salvaje, tetas botando. Silvia me lamía el coño, dedos dentro. Olor a sexo everywhere, sudor mezclado, alientos cortos. Julia me chupaba los pezones. Corrí como loca, squirt en su vientre, pipí mezclado. Él se quitó el condón, nos pusimos de rodillas. Chorros calientes en nuestras bocas. Nos besamos, compartiendo semen espeso, tragando.

Quince minutos después, todos en cubierta comiendo como si nada. Risas nerviosas. El resto del viaje, una follada más con Julia, y a Silvia la hice correr en el mar, dedos en su coño bajo el agua. Oí gemidos en nuestra cabina noches después. El club de las cuatro… puro fuego. Si leéis esto, chicas, contadme.

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