Confesión Ardiente: El Padre de mi Novio me Follaron en su Coche

Ay, chicas, no sé por dónde empezar. Soy una tía normalita, de esas que crecen con una madre agobiante y sin padre desde los cinco años. Timidita, con mi mundo de fantasías en libros y vídeos robados. A los diecinueve, perdí la virginidad con Pablo, mi novio del insti. Buen chaval, pero… cero química en la cama. Él en ingeniería, yo en historia, nos veíamos poco, pero hablábamos de boda. Hasta esa noche que todo cambió.

Estaba nerviosa como un flan yendo a conocer a sus padres. Me puse una falda plisada gris hasta las rodillas, blusa blanca abotonada, pero debajo… uf, lencería picante. Sujetador push-up blanco con encaje rojo, liguero negro, medias grises con rombos y una braguita transparente que se pegaba a mi coñito negro y bien recortado. Tacones crema, pelo suelto. En el taxi, sudaba pensando en su padre, Carlos, el tipo dominante y guapo.

La Chispa en el Ascensor y la Cena Infernal

Llego al edificio antiguo, echo de menos el ascensor. Oigo pasos, me giro… ¡joder! Un hombre alto, pelo gris, ojos azules que me clavan. Era él, Carlos. Abre la jaula del ascensor de un tirón. ‘¿A qué piso, preciosa?’, dice con voz grave. ‘Tercero…’, balbuceo, voz ronca. Entro, él detrás. Su olor a hombre maduro me marea. Cierro los ojos, el ascensor sube… para en seco. Sus manos en mi cara, ¡zas! Me besa. Labios gruesos, barba raspando, lengua invadiendo. Mis ojos abiertos de shock, saliva chorreando. Me empuja suave, sonríe. Salgo temblando, voy a la puerta… ‘¡Espera! ¿Eres la novia de Pablo?’, grita. ‘Soy su padre’. Me quedo blanca, piernas de gelatina. Él me sujeta: ‘Nuestro secreto, ¿eh?’. Entramos, cena normalita con su madre dulce y Pablo torpe. Pero sus ojos… me follaban con la mirada. Cada copa de champán, más roja. Su mano en la mía de Pablo me asqueaba; quería la de él. Hora de irme, su madre: ‘¡Carlos, llévala!’. En el ascensor solos otra vez, tensión brutal. No me besa, pero sonríe. Bajo a la calle, su Mercedes. Subo, falda sube, ve mis medias. Silencio eterno. Aparca en un parque oscuro. ‘¿Mala opinión de mí?’, digo. ‘No, eres deliciosa. Solo un fallo: casarte con mi hijo’. Me acaricia la mejilla, nariz… beso profundo. Mi lengua loca buscándolo, él la mete hasta la garganta. Sudor por todos lados, coño chorreando.

¡Dios! No aguanto más. Desabrocha mi blusa, lame el sujetador. Mordisquea pezones duros a través de la tela. ‘¡Ahh!’, gimo. Sube falda, acaricia muslos, liguero. Dedos en braguita, moja mi pubis. ‘Estás empapada, putita’. Frota clítoris, tres dedos en mi coño rasurado, barbilla de vello negro. Grito, orgasmo brutal, culazos contra su mano. Braguita metida entre labios, jugos por todas partes.

Explosión de Placer Prohibido en la Noche

‘Termina lo que empezaste’, jadeo maliciosa. Se echa encima, arranca braguita. Polla enorme contra mi monte. La guío, ¡plaf! Entra hasta el fondo. ‘¡Joder, qué prieta!’, gruñe. Me folla salvaje, embestidas brutales. Peso encima, tetas aplastadas. Olor a sexo, sudor, su aliento caliente. ‘¡Más fuerte, papi!’, chillo. Me revienta el coño, cojones golpeando. Gime, se corre dentro, chorros calientes llenándome. Yo tiemblo, uñas en su espalda.

Quedamos jadeando, su polla flácida aún en mí. Día amaneciendo. Me visto, coño goteando semen. ‘Adiós, Carlos… hola, suegro’. Bajo, piernas temblando, sonrisa pícara. Él con mi braguita, limpiando el cuero. Nunca olvidaré ese olor a corrida y mi jugo, esa polla madura rompiéndome. Pablo? Olvidado. Ahora vivo mis deseos al 100%. ¿Y tú, te mojarías?

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