Después de esa tarde con Pablo, el chico del pueblo que me vio tocarme en la piscina y acabamos follando como animales, no podía parar de pensar en él. Hacía una semana que no lo veía. Yo sola en la casa de verano, familia de viaje, disfrutando el sol y mis dedos… pero ya no era suficiente. Trabajaba poco, leía al borde de la piscina, bikini diminuto, coño palpitando de recuerdos.
Llego del curro, directo al bosque. Salto la valla, corazón latiendo fuerte. Me ve sentada con el libro. Sonrío, piernas abiertas un poco, tetas al aire casi. ‘¡Ah, ahí estás! ¿Dónde te habías metido? Pensé que te asusté la última vez…’, digo juguetona. Él rojo, nervioso: ‘No, empecé a currar en la tienda del pueblo, pero… joder, te echaba de menos. ¿Sigues sola?’ ‘Sí, hasta septiembre, antes de mi curro en el banco. Sin novio, ya viste cómo me apaño…’
La chispa que enciende el fuego
Se acerca, ojos en mis pezones duros. Hablamos de mi exhibicionismo, cómo me pone excitar a un tío. Mi coño se moja solo de recordarlo. ‘Me pones cachondo a morir’, murmura. Me inclino, lo beso. Lenguas enredadas, su aliento caliente. ‘Vaya, chaval, ¿ideas fijas? ¿No te bastó la otra vez?’ ‘No… huelo tu piel en sueños, tu calor…’
Lo arrastro a casa. Caminando delante, short apretado en mi culo redondo, caderas balanceándose. En la cocina, ensalada y bocatas. Charla tonta, pero tensión eléctrica. Sus ojos en mis tetas. Termino de comer, lo miro fijo. Me levanto, pongo música suave. Empiezo a moverme, lenta, lasciva. Manos por cuello, pechos, muslos. Ojos cerrados, gimo bajito. Él tieso en el sofá, polla abultada.
Le quito la camiseta, beso su pecho. Bajo cremallera, saco su polla dura, venosa. La agarro firme, masturbo despacio. Él gime, manos en mis caderas. Le bajo el short, tanga blanca. Desabrocho sujetador, tetas libres, pezones tiesos. Me tumba, lo monto. Besos salvajes, dedos suyos en mi culo, rozando ano. Empuja uno adentro, despacio. ‘¡Joder, qué apretado!’ Gimo, me arqueo. Otro dedo en coño, chorreando. Me corro rápido, temblando, jugos por sus manos.
Explosión de placer sin frenos
‘Hummm, qué dedos… pero yo también’. Bajo, engullo su polla. Lengua en glande, chupadas profundas. Aspira mi saliva, bolas en mi boca. Se corre, leche caliente en garganta. Trago todo, subo a besarlo, sabor salado en labios. ‘Eres una puta diosa’, jadea.
Lo arrastro a mi cuarto. Culotte aún puesta, húmeda. Se la quito, huelo mi almizcle. ‘Guárdala, prenda de guerra’. Nariz en ella, su polla revive. 69: yo chupando, él lamiendo coño, ano. Lengua en clítoris hinchado, dedos dos en chocho, uno en culo. Grito, squirteo en su cara, bebiendo mi corrida.
Boca abajo, culo en pompa. Pongo glande en coño, empuja. Calor envolvente, paredes apretando. Bombeamos, lento primero. ‘¡Más fuerte, cabrón!’ Agarra caderas, embiste brutal. Piel sudada chocando, olor a sexo denso. ‘¡Sí, fóllame, hazme correr otra vez!’ Grito, orgasmo arrasa, coño ordeñando. Él ruge, leche profunda dentro.
Sudados, exhaustos, nos dormimos abrazados. Hora después, piscina para refrescarnos. Agua fría en piel caliente, risas. Desde entonces, follamos sin parar. Amor loco, complicidad total. Su polla, mi coño… adictos.