Confesión ardiente: Me meé en el bosque y mi crush del ballet me folló como una bestia

¡Dios, qué noche! Iba a mi clase de ballet, con todo el arsenal: braga faja que me aplasta el vientre hasta dejarlo plano, media hasta la ingle que me roza la piel como una caricia prohibida, y el maillot de manga larga, ese demonio que se cierra con un nudo en el cuello y me sujeta las tetas como si fueran a salirse. Todo para impresionar a Diego, ese moreno con cuerpo de dios griego que baila pegadito, rozándome el culo con su paquete duro. Tengo 44, todo empieza a caer, así que voy a muerte.

Llego tarde, con un pellizco en la vejiga. No hay tiempo para mear, entro volando, me quito el vestido en la sala. Ahí viene Laura, la rubia zorra rival, por detrás: ‘¡Cariño, tu nudo está suelto! Te ayudo’. Me lo aprieta fuerte, con risita malvada. ‘¡Así no se deshace, eh!’. Joder, me ha encerrado viva. Cada salto en clase es un puñal en la vejiga, la faja aprieta, el maillot no deja ni respirar.

La tensión insoportable que me hizo estallar

Bailo con Diego, sus manos en mi cintura, su aliento caliente en mi cuello. Siento su polla tiesa contra mi culo, el calor sube, mi coño palpita… pero la vejiga grita. Me retuerzo, piernas cruzadas disimulando. Laura me pilla, me hace cosquillas en la barriga. ¡Pum! Me doblo, mano en el chocho, cara de desesperada. Se acerca al oído: ‘Suerte, guapa. Hoy vestuarios cerrados, ¡a mear en casa!’. Pánico total. No puedo soltar ni una gota, todo bloqueado.

Clase acaba, prof confirma: ‘¡Fuera todos, sin cambiar!’. Salgo temblando, veo a los tíos meando en el parking, chorros potentes. Las chicas salen del bosque ajustándose leggings. Yo, robot coja hacia el coche. Intento el nudo: imposible, sin uñas. Conduzco 200 metros apretando el coño, paro, corro al bosque. Me quito el vestido a tirones, lo lanzo. Tiro del nudo, nada. Bajo la media… bloqueada. La vejiga revienta: chorro caliente inunda la braga, baja por muslos, empapa las medias. Dura una eternidad, piernas temblando, olor a pis caliente. Furiosa, arranco el nudo de un tirón. ¡Libre! Maillot abajo, todo resbala, quedo desnuda, piel brillante de pis y sudor bajo la luna.

El polvo brutal y la noche de sexo sin frenos

Vuelvo al coche, sin vestido. Busco en zarzas… nada. Pánico de nuevo. De repente, Diego: sonrisa pícara, mi vestido en mano. ‘¡Hola! Creo que esto es tuyo’. Estoy muda, desnuda, coño a la vista chorreando pis. No me cubro. ‘Eh… sí, tenía que mear, no podía con esta mierda de ropa, todo atado…’. ‘Joder, estás preciosa así, mucho mejor que embutida’. Me tapo: mano en tetas, otra en coño. ‘¿Me das el vestido?’. ‘¿Ya? Qué pena, brillas como sirena mojada. Me da igual el pis, quiero comerte’.

La razón salta. Me pego al capó de su coche, subo culo, abro piernas. Se arrodilla, nariz en mi coño: ‘Hueles a sexo y pis, delicioso’. Lengua dentro, chupando clítoris hinchado, labios hinchados de humedad. Gimo, ‘¡Joder, sí!’. Me corro temblando, jugos mezclados con pis en su boca. Se levanta, baja pantalón: polla gorda, venosa, cabezona. Me clava de un empujón, capó cruje. ‘¡Fóllame fuerte!’. Embiste salvaje, tetas botando, sudor resbalando, grillos cantando. Su piel caliente contra la mía, aliento entrecortado: ‘¡Tu coño aprieta como puta!’. Cambio: yo encima, cabalgo, polla hundiéndose hasta el fondo, olor a sexo denso. Me corro otra vez gritando.

Vamos a su casa rural. Yo desnuda en mi coche, vestido como toalla en asiento. Llegamos, ducha caliente juntos, manos enjabonando coños y pollas. En cama, folla mi culo lento, luego misionero hasta correrme exhausta. Nos dormimos enredados, piel pegajosa. Al día siguiente, recuerdo su polla palpitando dentro, mi pis caliente como afrodisíaco, esa libertad salvaje. Aún me mojo pensando en repetir.

Leave a Comment