Confesión caliente: Mi polvo brutal con un motero desconocido al borde del río

¡Ay, madre mía, aún siento el calor en la piel! El jueves quedamos en la salida de la autopista, las nueve de la mañana. Yo, Emma, iba a Nantes por curro, sin maletas, solo ganas de libertad. Él, Nico, motero del covoituraje. Nunca había subido a una moto con un desconocido… ¿por qué no? El sol de septiembre calentaba, mi pantalón de cuero negro abrazaba mis piernas largas, botas con tacón killer y chaqueta que marcaba mis tetas. Me miro en el coche, casco en mano, y avanzo con el clac-clac de los tacones.

Llega él, un minuto tarde, moto negra, deportiva, ronroneando como una bestia. Me ve, yo lo veo… ojos color avellana, barba de tres días, sonrisa pícara. ‘Encantado, Nico. ¿Emma?’, dice. Asiento, el corazón un poco acelerado. Me subo atrás, tiesa al principio, sin pegarme mucho. Pero arranca… ¡uf! El viento azota, vibraciones suben por mi coño, cuernos contra su culo duro. Poco a poco me relajo, brazos alrededor de su cintura, sintiendo su calor. Km tras km, mi mente vuela: ¿y si…? Aprieto más, él no dice nada.

La chispa inicial y la tensión que me volvió loca

Llegamos rápido, frustrada porque acaba. Me ayuda a bajar, se quita el casco… ¡joder, qué guapo! ‘Hay que validar la app… ¿café?’, balbucea. Miro el reloj, ‘Vale’. En la terraza, cafés humeantes, charlamos. Mismo curro en farmacéuticas. Sonríe, hoyuelos sexys. Risas, miradas que queman. Hora de irnos. ‘¿Cómo vuelves?’, pregunta. ‘Con una compañera, pero…’. ‘Ven conmigo, tengo casco y traje’. ‘Tardo, ¿seguro?’. ‘Si es tarde, te invito a cenar’. ¡Acepto sin pensar! ¿Qué coño me pasa?

El día eterno, soñando con él. Salgo, ahí está, apoyado en la moto, alto, hombros anchos. ‘¿Buen día?’. ‘Meh, pero contenta de verte’. Cena italiana en callejuela. ¡Pum! Coche pasa rápido, me pega a él… y nos besamos. Lenguas salvajes, aliento corto, su boca sabe a café y deseo. Halagante, lo sigo al restaurante. Martini, lasañas, chianti. Piernas rozando bajo la mesa, su pantorrilla musculosa. Miradas que follan. ‘Vamos por el río, ruta bonita’, dice. En moto, me pego, mano baja… rozo su muslo, llego a la polla. ¡Dura como piedra! Él frena en mirador, río negro, banco viejo.

El sexo crudo, el clímax y el dulce agotamiento

Bajamos, sus labios en mi cuello… ¡electricidad! Tetillas tiesas, coño chorreando. Manos everywhere, ropa volando. Piel caliente, sudor salado, olor a sexo y río. Me arrodillo, desabrocho: polla gorda, venosa, palpitante. La miro, babeo. ‘Joder, qué rica…’, murmuro. Lengua en el capullo, círculos lentos, chupo hasta la garganta. Él agarra mi pelo, ‘Sí, así, puta guarra…’. Gimo, palpo huevos pesados. Me levanto, beso, él abre mi cuero: coño rasurado, mojado. Dedos dentro, ‘¡Estás empapada!’. Gimo fuerte.

Sentada en banco, piernas en sus hombros. Lengua en clítoris, dedos follando mi chochito apretado. ‘¡Aaah, Nico, no pares!’. Tetas en su mano, pellizca pezones. Orgasmo cerca… pero no. Me pone a cuatro, culo alto. ‘Mira ese coño abierto…’. Entra de golpe, polla gruesa me parte. ‘¡Fóllame fuerte!’. Embestidas brutales, huevos contra mi clítoris, tetas bamboleando. Dedo en clítoris, contraigo, lo aprieto. ‘¡Me corro, joder!’. Él gruñe, chorros calientes dentro, semen rebosando.

Frío nos pica, nos vestimos abrazados. Silencio, dedos entrelazados, sonrisas bobas. Moto de vuelta, serenos, cachondos aún. En el punto inicial, beso largo, lenguas perezosas. ‘Nos vemos, ¿eh?’. Subo a mi coche, piernas temblando, coño dolorido pero feliz. ¡Viva los moteros!

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